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Bifurcado recursivamente desde 1974

Mes: septiembre, 2011

Hay gente que gana dinero con cosas inverosímiles

Hay noches en las que Noli y yo sentimos la llamada de la selva, y me estoy refiriendo al hambre, hijos de puta, que los veo venir.

Por cierto, da gusto poder llamar hijos de puta a tus lectores y que estos no solo no se ofendan sino que lo esperen de ti.

A lo que iba. Les decía que a veces tenemos hambre furiosa y nos pedimos un par de pizzas para cenar. No lo hacemos muy a menudo, que tampoco es cuestión de cebarse, pero oye, de vez en cuando engolosina los bigotes que da gusto.

Había una pizzería en Vecindario Mordor que hacía unas pizzas cojonudas (El rey de Nápoles o algo así, creo), pero se fue al carajo hace tiempo. Tenía la peculiaridad de que era la única pizzería que mandaba las pizzas con un pequeño adminículo de nombre ignoto. Éste:

Guardapizza

Guardapizza

Vale, ya sé que he dicho que es ingnoto, pero al final he encontrado el nombre de pura chiripa: guardapizza. Pero antes de encontrar el nombre todo dios en la red decía que eso se llama cosito de la pizza. Pero… Pero…™ Joder, hasta tiene grupo de fans en el Sheol y todo.

Cuando vi ese objeto por primera vez me di cuenta de que tenía el logotipo de una empresa italiana (no recuerdo cuál), y pensé que esos tíos harían buenas migas con Luis Piedrahíta, el rey de las cosas pequeñas. No sé si alguna vez habló de eso cuando actuaba en la radio y el programa de Pablo Motos molaba, pero podría haberlo hecho sin problemas.

Es decir, hay empresas que mueven su negocio en torno a cosas aparentemente insignificantes, que damos por hechas, pero sin cuya existencia nuestra vida sería mucho más puta y miserable.

Bueno, vale, supongo que el hecho de que se te pegue el queso a la tapa de la caja no es tan grave, pero, ¿qué me dicen de los aros de los sujetadores? Si eres tío probablemente no hayas dedicado un solo femtosegundo de tu vida a pensar en los aros de los sujetadores. Todo lo que tendrás será un destello fugaz en tu cabeza de las innumerables veces que habrás quitado un sujetador de su sitio (ejem), quizás cogiéndolo por uno de los aros. Una breve sensación táctil que no rebasa el umbral de percepción necesario para grabarlo y decirte a ti mismo «eh, qué interesante, ¿qué empresa se encargará de fabricar estos magníficos aros?».

Claro que, en esos momentos, lo menos que tienes en la cabeza es un puto aro plástico de mierda. Toda la sangre anda de farra por otro sitio. Es comprensible.

Hace tiempo leí que el monopolio de aros de sujetador del mundo estaba en manos de una de estas empresas chinas que florecen como hongos tras el monzón, aunque no he podido encontrar de qué empresa se trata, y no es que me importe un carajo, claro, pero me gusta que mis lectores se sientan ilustrados. Eso nos congratula a nos. Lo que sí he encontrado es una estadística del 2007 que afirma que OMFG siete de cada diez mujeres usa una talla de sujetador inadecuada. Si ya decía yo que tanta teta restallona no era normal.

Pero ese es pensamiento para otro día.

Así que la próxima vez que se perforen un huevo con la grapadora, piensen en quién ha sido el hideputa que ha fabricado la grapa, y en la pasta que está haciendo vendiendo grapas a mansalva por todo el mundo.

Y como dije una vez en Twitter, TGIFFFFS.

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Cuando me deslizo por las pendientes de mi cerebro

Uno tiene días y días. Llevo como cosa de un par de semanas en las que, por un motivo u otro, mi cerebro no sirve ni como alimento a generadores de Matrix. Buena parte del problema viene por el inicio del curso escolar, aparte de otras actividades a las que tenemos que llevar a Claudia de forma obligatoria, lo cual no nos deja, literalmente, tiempo para nada. Y no estoy usando una figura retórica, créanme.

El caso es que cada persona tiene una forma particular de defenderse de esos ataques de realidad. No sé ustedes, pero en mi caso, cuanto más jodido estoy, más me encierro en mí mismo, en una concha recubierta de silicio y llena de ceros y unos.

Yo tengo temporadas en las que lo único de lo que tengo ganas es de ponerme a ver una película o una serie, pero en el fondo, acabo sintiéndome mal, porque las actividades pasivas no son lo mío. Sin embargo, tengo otras épocas en las que me da por embarcarme en mil y un proyectos. Llevo un tiempo así, escribiendo como un loco y haciendo mil y una filigranas en los ordenadores de casa. Ahora mismo estoy escribiendo dos artículos técnicos, programando una aplicación e instalando y configurando herramientas en mi servidor.

Y claro, dirán ustedes que de dónde coño saco el tiempo. Mírenme la cara por las mañanas cuando llego al trabajo y tendrán la respuesta.

Estas fases van y vienen, bien que lo sé. Pero no deja de resultarme curioso que la forma que tengo de defenderme de la falta de tiempo y de otros problemas sea, precisamente, embarcándome en actividades que me quitan aún más tiempo.

Curquejadas 2.0

En mi familia usamos el término «curquejada» para referirnos a una burrada proferida por mi señor padre, cuyo apellido materno es Curquejo. Cuando la gente me pregunta por el maravilloso don que tengo para proferir cosas extremadamente soeces con gracia y estilo les digo que me viene de familia. Tome esta información, agítela y reserve.

Hoy estaba desayunando una cantidad anormalmente grande de comida (estoy en mi ciclo psicótico) y me di cuenta de que, en el comercio en el que estábamos desayunando, tenían pegados los típicos códigos QR para que la gente pudiera capturar la dirección de la página de Facebook del establecimiento.

Verán, si alguien intentara discernir la maldad o bondad intrínseca de un martillo, la respuesta inevitable sería «el martillo es neutro», y está bien que sea así. En un momento dado puedes estar reventándote un testículo con el martillo (malo) y al siguiente (si es que te queda tino DIOS QUÉ DOLOR) puedes estar clavando una tacha en un tablón que formará parte de un orfanato para japonesitas descarriadas (bueno). Es decir, las herramientas, herramientas son, y lo que es malo o bueno es el uso que hagas de ellas.

Pero eso es como decir que la hierba medra en los prados.

Volviendo a nuestro código QR, utilizarlo para publicitar una página de Facebook me parece darle un uso totalmente maligno y degenerado, porque como todos sabemos, Facebook es el MAL.

Ya puestos, si vamos a darle usos auténticamente malignos, ¿por qué no regar la ciudad de insultos creativos con códigos QR, a lo Bansky? Y de ahí a imaginar unas cuantas curquejadas convertidas en códigos QR, no hay más que un puto pequeño paso.

Yo empezaría con estas:

Curquejada #1

Curquejada #1

Curquejada #2

Curquejada #2

Curquejada #3

Curquejada #3

La resbaladiza naturaleza del mercurio

Llevo unos cuantos días navegando en un estado mental que hacía tiempo que no sufría. De hecho, hay en el Fallout 3 un perk (una mejora, vamos), cuyo nombre me vendría como anillo al dedo, para el caso: Nerd Rage!.

Y antes de que sigan leyendo, advertencia: la historia es lo más técnico que he escrito en mucho tiempo. De hecho, es lo más técnico que habré escrito en la corta historia de este blog (en el viejo ya hice de las mías). La historia va, en resumen, de cómo montar un servidor Mercurial de versiones en tu servidor sin volverte majareta (y mira que me ha costado).

Y ahora que he espantado a todos mis lectores, dejaré estas palabras como referencia para los que lleguen vía Google buscando cómo montar un puto servidor de Mercurial. Imaginen que es de noche, hay mucha niebla y estamos en Whitechapel. Por partes, pues.

¿Por qué Mercurial?

Tengo unos cuantos proyectos de documentación y desarrollo en mente, pero antes de acometerlos, quería montar en mi servidor casero un sistema de control de versiones. Si eres desarrollador, es posible que estés familiarizado con el CVS o con el Subversion. En mi empresa usamos Subversion de forma rutinaria para mantener las distintas versiones de cada pieza de código fuente, por ejemplo.

Sin embargo, ustedes me conocen, y saben que si hay una forma sencilla de hacer las cosas, será justamente la que no elija xD Hace tiempo leí un artículo de Joel Spolsky acerca de sistemas distribuidos de control de versiones o DVCS (Distributed Version Control System).

El artículo de Spolsky me convenció para intentar usar un DVCS. En realidad no era estrictamente necesario. Teniendo en cuenta que no tengo ningún proyecto con nadie, tampoco es que necesitara gran cosa, pero como les dije al principio, ya me conocen 😛

La cuestión era, ¿qué sistema usar? Yo solo conozco dos: Mercurial (el que menciona Spolsky en su artículo) y Git, usado, por ejemplo, para mantener el código del núcleo de Linux.

Me decidí por Mercurial porque Spolsky publicó una guía cojonuda para entender los conceptos de Mercurial si vienes del mundo de Subversion. Dicha guía se llama Hg Init, y es recomendable leerla de cabo a rabo para entender de qué va esto.

Dicho lo cual, pongámonos manos a la obra.

El escenario

Me he pegado varios días para montar el servidor, en parte porque tiempo no es que tenga mucho, y en parte porque nadie, repito, NADIE contaba en sus artículos un pequeño detalle vital para entender cómo funciona el servidor de Mercurial. Pero todo a su tiempo.

En esta guía trabajaremos con varias máquinas, a saber:

  • Un servidor con Linux (Ubuntu, concretamente), que será en el que instalemos el servidor de Mercurial.
  • Un cliente cuyo sistema operativo es Mac OS X Lion.
  • Un cliente cuyo sistema operativo es Windows 7.
  • Un cliente cuyo sistema operativo es Windows XP.
  • Un cliente cuyo sistema operativo es Linux Mint.

Les comentaré qué hay que hacer en cada una de estas máquinas para tener el sistema funcionando.

Una peculiaridad del servidor de Mercurial es que no es realmente un servidor. En realidad consiste en unos cuantos binarios que ponen una capa sobre SSH para que puedas manejar ficheros en un repositorio de tu elección. Lo digo para que nadie espere ver un proceso mercurial-server en segundo plano o algo así, porque no lo hay.

También debo mencionar un requisito indispensable: todas las máquinas tienen que tener OpenSSH o equivalente instalado. No voy a explicar en este artículo cómo hacerlo (excepto una breve mención en el caso de Windows, que como siempre, es el más raro).

La idea es que cuando vayamos a leer o escribir un fichero en el repositorio de código fuente de nuestro servidor, toda la comunicación se haga mediante el uso de claves públicas y privadas a través de SSH. Este artículo sobre SSH les dará bastante pistas al respecto.

Instalando Mercurial en el servidor

Aunque no se lo crean esta es la parte fácil. Vamos a suponer que mi servidor se llama Orthanc y mi usuario se llama adastra. Lo primero que tenemos que hacer es instalar los paquetes de mercurial y mercurial-server. Primero hay que poner en la lista de fuentes del sistema aquella de la que nos podemos bajar los paquetes de Mercurial. Para ello hay que modificar el fichero /etc/apt/sources.list e introducir esta línea (cambia lucid por lo que corresponda a tu distribución de Linux):

deb http://mirrors.kernel.org/ubuntu lucid main universe

Luego solo hay que instalar los paquetes correspondientes:

$ sudo apt-get update
$ sudo apt-get install mercurial mercurial-server

Con esto ya tenemos instalado el servidor. Pero, por descontado, todavía no funciona ni de coña. A todo esto, hay dos sitios importantes que tienes que tener en cuenta:

  • La carpeta de configuración del servidor está en /etc/mercurial-server. Ahí tendremos que trastear en breve.
  • La carpeta con el repositorio central de Mercurial está en /var/lib/mercurial-server/repos. Esto es algo QUE NADIE MENCIONABA. Me volví loco pensando que la carpeta estaba en otro lado (ya les contaré).

Ahora hay otro pequeño detalle que casi todo dios pasaba por alto, y es la configuración del demonio de SSH para que admita conexiones con el usuario hg, que es el usuario por defecto que tiene Mercurial para trastear con el repositorio que les he puesto ahí arriba.

Para arreglar esto, tenemos que modificar el archivo /etc/ssh/sshd_config, asegurándonos de tener, entre otras, estas líneas de configuración:

Port {El puerto que quieras usar, pero que no sea el 22}
Protocol 2
PermitRootLogin no
AllowUsers hg adastra {El resto de usuarios que quieras permitir}
RSAAuthentication yes
AuthorizedKeysFile %h/.ssh/authorized_keys
PermitEmptyPasswords no

Una vez hecho esto, solo tenemos que reiniciar el servidor de SSH:

$ sudo service ssh restart

Claves públicas y privadas

Para que todo este tinglado funcione, tienen que cumplirse dos condiciones:

  • Tienes que tener una clave pública en el servidor al que quieres conectarte.
  • Tienes que tener una copia de tu clave privada en cada uno de los clientes desde los cuales quieres conectarte al servidor.

Si no te queda claro todo este rollo, puedes consultar la página de la Wikipedia sobre criptografía de clave pública.

Sin salir de nuestro servidor, vamos a generar un par de claves compuesto por una clave pública (la que se queda en el servidor) y una clave privada (la que va a los clientes). Ten en cuenta que tu clave pública es, eso, pública, así que la puedes poner a disposición de los demás sin problemas. Pero como tu clave privada quede comprometida, te verás con el culo al aire y cualquiera podrá entrar en tu servidor para hacer cosas malas. Avisado quedas.

Para generar las claves hacemos lo siguiente:

$ ssh-keygen -C adastra@Orthanc

Por supuesto, cambia el comentario de la orden a tu conveniencia. Después de ejecutarse la orden, se habrán generado dos ficheros en la ruta /home/{usuario}/.ssh, uno de los cuales será tu clave pública (id_rsa.pub) y el otro tu clave privada (id_rsa). Deja la clave pública ahí y copia la clave privada a un sitio seguro (como una IronKey o así).

Para acabar con el servidor, tenemos que decirle al servidor de Mercurial cuál es la clave pública a través de la cual un usuario podrá conectarse por SSH. Para ello, copiamos la clave pública (recordemos que está en /home/{usuario}/.ssh/id_rsa.pub) a la ruta /etc/mercurial-server/keys/root/{usuario}/id_rsa.pub. Ten en cuenta que bajo la ruta /etc/mercurial-server/keys/root/ no hay nada al principio, así que tendrás que crear a mano el directorio donde poner la clave pública.

Ya hemos terminado con el servidor, así que ahora vamos con los clientes.

Cliente Mac OS X

Lo primero es instalar los paquetes de Mercurial en nuestro Mac OS X, si no lo hemos hecho ya. Para comprobar que estén instalados solo hay que lanzar la terminal y averiguar el número de versión:

$ hg version

Lo siguiente es usar nuestra clave privada para conectarnos por SSH al servidor. Y para ello tenemos que conocer a nuestro amigo ssh-agent, otro del que nadie habla ¬¬

Verán, volviendo al tema de criptografía de clave pública, cuando te vas a conectar por SSH a un servidor empleando tu clave privada, tienes que cargar en la memoria del sistema dicha clave privada. Para ello se emplea normalmente un programa llamado ssh-agent, pero este programa tiene una peculiaridad: normalmente no arranca con el sistema.

Así pues, tenemos dos opciones: o lo ejecutamos cada vez que queramos conectarnos por SSH o lo cargamos desde el inicio con algún truco. Yo encontré la forma de cargar ssh-agent al inicio de sesión en Mac OS X.

Ahora ponemos cargar nuestra clave privada en memoria. Si ponemos la clave privada en /Users/{usuario}/.ssh/id_rsa, bastará con que hagamos:

$ ssh-add

En caso contrario, tendremos que especificar la ruta completa de la clave privada en la orden. Lo que prefieran. Si quieren comprobar que la clave ha quedado cargada pueden hacer:

$ ssh-add -l

¡Ya casi estamos! Para comprobar que realmente podemos conectarnos a nuestro servidor de Mercurial, vamos a traernos el repositorio de administración que éste tiene por defecto. Para ello ejecutamos lo siguiente:

$ hg clone ssh://hg@Orthanc:888/hgadmin

Ojo aquí. Lo que estamos haciendo es clonar (hg clone) el repositorio llamado hgadmin en el servidor Orthanc, que usa el puerto 888 (o el que sea) para conexiones SSH, usando el usuario hg.

Si todo ha ido bien, tendrás que ver una carpeta llamada hgadmin donde quiera que hayas ejecutado la orden.

Si quieres hacerlo a la inversa, poniendo un repositorio en el servidor, puedes hacer esta prueba:

$ mkdir Prueba
$ cd Prueba
$ hg init
$ touch foo.txt
$ hg add
$ hg commit -m "Prueba"
$ hg clone . ssh://hg@Orthanc:888/Prueba

Si todo ha salido bien, ahora habrá un repositorio en el servidor llamado Prueba (recuerda que estará en /var/lib/mercurial-server/repos/Prueba).

Cliente Windows XP

Tanto en Windows XP como en Windows 7 (o Windows Vista, si es que usas ese horror), tenemos la peculiaridad de que todo lo que tenga que ver con SSH es un poco atravesado.

Para resumir, que ya llevo escritas 1653 palabras, improperio arriba, improperio abajo, les recomiendo que se bajen TortoiseHg, un programa que trae todo lo que necesitarán para conectarse al servidor de Mercurial, incluyendo el propio cliente de Mercurial.

Recuerden que tenemos que traernos nuestra clave privada al cliente. Si quieren ponerla en el lugar canónico, pueden hacerlo en C:Documents and Settings{usuario}.sshid_rsa.

Lo siguiente que tenemos que hacer es decirle dos cosas al cliente de Mercurial:

  1. Cómo se va a llamar el usuario con el que operaremos.
  2. Cómo debe encontrar el cliente de SSH la clave privada.

Peeeeeeeeero, resulta que no nos vale la clave privada que generamos en primera instancia. Primero tendremos que convertirla a un formato que entienda TortoiseHg, y para ello usaremos el programa puttygen. Una vez descargado e instalado, convertimos la clave privada siguiendo este tutorial, y la guardamos en C:Documents and Settings{usuario}.sshid_rsa.ppk.

A continuación creamos un fichero de configuración que irá en la ruta C:Documents and Settings{usuario}mercurial.ini, que contendrá:

[ui]
user=adastra
ssh="C:Program FilesTortoiseHgTortoisePlink.exe" -ssh -2 -i "C:Documents and Settings{usuario}.sshid_rsa.ppk"

Vamos a probar que todo haya funcionado, como sigue, en una consola DOS:

C:> hg clone ssh://hg@Orthang:888/hgadmin

Si todo va bien, se habrá creado una carpeta C:hgadmin que nos habremos traído desde el servidor. Mira la sección sobre Mac OS X para que te hagas una idea de cómo subir tú mismo un proyecto al servidor.

Cliente Windows Vista/7

Bajo Windows Vista/7 hay que seguir los mismos pasos que bajo Windows XP, cambiando únicamente las rutas donde están las cosas importantes:

  • La clave privada estará en C:Users{usuario}.sshid_rsa.
  • La clave privada convertida al formato que TortoiseHg puede enteder estará en C:Users{usuario}.sshid_rsa.ppk.
  • El fichero de configuración de Mercurial estará en C:Users{usuario}mercurial.ini.

Los contenidos del fichero de configuración son levemente diferentes:

[ui]
user=adastra
ssh="C:Program FilesTortoiseHgTortoisePlink.exe" -ssh -2 -i "C:Users{usuario}.sshid_rsa.ppk"

Para probar que todo funciona, haz exactamente lo mismo que en Windows XP.

Cliente Linux

Para finalizar, vayamos con el cliente Linux. Lo primero es asegurarnos de que tenemos instalado el paquete de Mercurial. Para ello seguiremos las mismas instrucciones que veíamos en el servidor, pero instalando solo el cliente:

$ sudo apt-get update
$ sudo apt-get install mercurial

Comprobamos que todo haya funcionado en una terminal:

$ hg version

Aquí volvemos a tener presente a nuestro amigo ssh-agent, y como en Mac OS X, tenemos que asegurarnos de que se cargue al inicio de la sesión. Para ello vamos a utilizar una herramienta llamada keychain, que instalaremos así:

$ sudo apt-get update
$ sudo apt-get install keychain

Acto seguido debemos modificar el fichero /home/{usuario}/.bash_profile, introduciendo lo siguiente:

/usr/bin/keychain $HOME/.ssh/id_rsa
source $HOME/.keychain/$HOSTNAME-sh

Si ponemos nuestra clave privada en /home/{usuario}/.ssh/id_rsa, este programa la cargará cada vez que la necesitemos. Por ejemplo, al intentar descargar el repositorio de administración de nuestro servidor:

$ hg clone ssh://hg@Orthanc:888/hgadmin

Conclusión

Si has llegado hasta aquí sin saltarte nada (excepto, quizás, las partes de los clientes que no te interesan), enhorabuena. Tienes resistencia mental como para enfrentarte a Nyarlathotep y darle una patada en los huevos sin tener que hacer una tirada por cordura.

Información sobre el servidor de Mercurial hay mucha. Toneladas de bytes. Pero ninguna cuenta de forma completa cómo funciona el asunto. No es que yo me haya extendido mucho (y no, no es un chiste; en realidad he pasado muy por encima de ciertos temas), pero por lo menos he intentado poner todo lo que he tenido que usar y configurar para que esto funcione.

Lo primero que me dio por saco fueron las claves públicas y privadas. No tenía claro dónde ponerlas ni cómo funcionaba el tema de ssh-agent (o pageant, si tienen curiosidad por instalar algo parecido en Windows).

Luego estaba el tema de dónde coño iba el repositorio del usuario hg. Lo vine a descubrir de pura chiripa porque a alguien le dio por preguntar por qué no podía bajarse el repositorio de administración y le contestaron diciéndole exactamente dónde están los repositorios y cuál era el fallo. Yo me mataba creando repositorios que luego no sabía dónde estaban.

A lo mejor alguien cae por aquí preguntando por estos temas. Si es así y tiene alguna duda, intentaré responder en los comentarios como buenamente pueda. Por lo menos respiro tranquilo con la satisfacción del deber cumplido.

Ahora, manos a la obra con mis proyectos ^^

Si los portales te parecían complicados…

En este blog es obligatorio amar a Portal, esa pequeña joya de Valve (todavía no he jugado a la segunda parte, por cierto). Y, si no lo tienen ya, es gratis hasta hoy.

Thinking in portals. Esa frase se ha convertido en un mantra. Por ejemplo, imaginen que ponen un portal en un agujero de la pared y otro en el agujero de un orto y luego introducen… Bueno, creo que me siguen.

La tecnología de la Aperture Science Handheld Portal Device funciona en el plano espacial. Tienes dos tipos de portales interconectados en los que se cumple la conservación de la magnitud del momento lineal. O, como diría GlaDOS, speedy thing goes in, speedy thing comes out.

Ahora supongan que añaden a este concepto la dimensión temporal. ¿Qué tenemos entonces? Un interesante dolor de cabeza preñado de posibilidades absurdas ideado por Mr. Podunkian.

Todavía estoy intentando imaginar esa tecnología con el ejemplo del orto. Denme tiempo.

La insoportable espera por las traducciones

La noche apestaba a olor humano.

Eso que leen es la primera frase de la versión traducida de A Dance with Dragons, el quinto libro de la saga Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin.

¿¡CÓMO!? ¿Que ya lo han traducido y no se han enterado?

Nop. Desarrollemos esto un poco.

Hubo un tiempo, llamémosle era preloquieroparayamismo, en que, cuando salía un libro que deseabas leer, tenías que esperar pacientemente a que dicho libro fuera traducido cuando a la editorial de turno le saliera de los cojones. Por ponerles un ejemplo, la editorial La Factoría de Ideas ha decidido sacar cada año un libro de la saga Malazan Book of the Fallen, de Steven Erikson. Este año sacan el cuarto, y son diez. Echen cuentas: hasta el 2017 no tendrán el último tomo en español en sus manos. Y se joden.

Sin embargo, los tiempos que corren se caracterizan por la inmediatez. ¿Por qué los angloparlantes van a poder disfrutar de su libro favorito años antes que yo? Y ahí es donde surge la figura del fan entregado. Y me estoy refiriendo a la gente que, por amor al arte, traduce una obra literaria para poder disfrutarla en su idioma antes de que lo haga la propia editorial.

Sobre esto tengo sentimientos encontrados. Por un lado, considero digno de encomio que alguien dedique su tiempo y ganas a traducir una obra para poder disfrutarla. Por otro lado, te estás cagando, y mucho, en la obra de los traductores profesionales, y también en el propio autor.

Traducir una novela no es tarea fácil. Curiosamente el otro día leí una reflexión de Patrick Rothfuss, el autor de El nombre del viento, sobre la traducción de su último libro. El hecho de poder disponer en noviembre de la traducción de una obra publicada en marzo es un jodido récord. Eso significa más presión para los traductores, pero quizás más oportunidades profesionales. Supongo que Squallido sabrá más del asunto, que para eso se dedica a ello profesionalmente (creo).

Así pues, ante la situación de novela recién publicada a la que tienes muchas ganas de hincar el nervio óptico, solo hay tres alternativas:

  1. Leerla en inglés. Esto puede ser un problema, porque no es lo mismo leer documentación técnica que una novela. Por supuesto, es lo más inmediato, y además aprendes.
  2. Leer una versión traducida por voluntarios. Es lo siguiente en cuestión de inmediatez, pero ojo, no está traducida por profesionales (en la mayoría de los casos), así que la calidad puede ir desde «buena» hasta «pero qué coño me estás contando».
  3. Esperarte a la traducción oficial. Es la alternativa más larga, claro, y se supone que la que asegura mejores resultados. Sin embargo, hay casos (se me viene a la cabeza la traducción de American Gods, de Neil Gaiman, editado por Norma Editorial; lean el último párrafo de lo que les he enlazado) en que ni siquiera la traducción «oficial» es buena.

¿Qué escoger? Tradicionalmente yo he esperado a la traducción oficial, pero cada vez estoy más convencido de empezar a leer los libros en inglés. El problema es que es durillo. Solo he leído dos novelas en inglés (Rama 2, de Arthur C. Clarke y The City and the City, de China Miéville), y me costaron lo suyo, en un caso por no tener nivel suficiente (la de Clarke) y en el otro por el uso de lenguaje enrevesado (la de Miéville).

Pero si uno quiere aprender, tiene que mojarse. Lo cual no quiere decir que me tire a tumba abierta a leer en inglés todo lo que cae en mis manos. En particular, A Dance with Dragons es algo que quiero leer apurando al máximo la experiencia, así que quiero que sea en español, y por lo tanto esperaré.

¿Que por qué no leo la versión traducida por voluntarios? Permítanme ahora hacer un looping y volver al inicio preciso de la historia. Vayan y lean.

¿Ya? Bien, ahora les pondré la frase original (me he dado el gusto de bajar el ePub solo para ver la frase xD):

The night was rank with the smell of man.

Ayer estábamos leyendo la frase en español y ni a erGuiri ni a mí nos cuadraba mucho. Sin haber leído la frase original nos cuadraba más la siguiente traducción:

La noche hedía a humanidad.

Por supuesto, esta traducción es más que discutible, que para eso somos aficionados. Sin embargo, nos parece marginalmente mejor que la versión traducida por los fans, ya que es menos literal. Traducir no consiste en plasmar cada concepto de forma literal, sino en hilarlos de forma que transmitas lo mismo (más o menos) que en el original.

Yo no sabía el significado del adjetivo rank, pero por el contexto se saca (les enlazo la definición, que miré después). Y ese adjetivo viene a indicar un tufo indescriptible, un hedor, para que nos entendamos.

Es decir, si de entrada me encuentro una traducción que me chirría sin haber leído siquiera la frase original, creo que es mejor descartar, con todos los respetos, la versión traducida por los fans. Y a lo mejor resulta que el resto de la traducción es impecable, pero como carta de presentación, esa frase me resulta… subóptima, por decirlo de alguna manera 😀

Que cada cual elija su vía 😉

¿Tener pareja gamer o no?

Hoy parece que tengo el día de preguntador-de-opiniones. Pero es que esto es algo que merece la pena preguntar xD

Todos ustedes saben que yo soy un gamer por vocación, con una carencia de tiempo libre tan aplastante que se me saltan las lagrimitas cada vez que sale un juego AAA que quiero porque sé que no podré meterle mano hasta que no acabe los dos millones de juegos que tengo en cola antes.

Por otro lado, a Noli nunca le han interesado los videojuegos. La única ocasión en que se interesó de verdad por un videojuego fue con el magnífico Broken Sword: La leyenda de los templarios, con el que estuvo enganchada una temporada. Pero el idilio duró poco y nunca más ha tocado un juego, excepto los de pasar el rato que tiene en el iPad.

Ella tolera mi adicción afición por los videojuegos como tolera tantas otras cosas de mi retorcida personalidad, pero en el fondo creo que los dos estamos contentos con esa situación. La tele del salón es suya (excepto cuando vemos alguna peli juntos), y el ordenador de sobremesa es mío. Un trato fantástico xD

Pero, ¿qué pasaría si ella fuera gamer, como yo? ¿Creen ustedes que eso, en general, acarrearía problemas o, por el contrario, sería una fuente constante e importante de masturbación mental en pareja?

Las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene uno, y el de los demás apesta. Y hay muchos, añadiría yo. Aquí tienen una muestra a favor y otra en contra (y no, no estoy hablando de culos).

Y, por si no les queda claro, estoy plenamente de acuerdo con la postura en contra xDD

¿Kindle o Nook?

Hace año y pico que tengo un lector de libros electrónicos, un Sony PRS-505. Elegí ese modelo por puro esnobismo: me gustaba su construcción, a base de metal.

He perdido la cuenta de los libros que he leído en ese dispositivo, y ya se podrán imaginar, a la vista de esta historia, cuántos he comprado. Compré el cacharro de segunda mano, y algún fallito tiene (la batería no le dura tanto como debiera), pero para lo que yo lo quiero, tira perfectamente (tengo otra historia en borrador a este respecto, por cierto).

Sin embargo, me ha picado el gusanillo y tengo ganas de comprarme uno nuevo, más que nada por dos aspectos:

  1. Nitidez de las letras.
  2. Velocidad al pasar página.
  3. Acceso Wi-Fi para poder comprar libros sobre la marcha… El día en que pueda, claro.

He comprado varios Nook, de Barnes & Noble, para amigos y parientes de diversa calaña, y a pesar de que la construcción no me gusta tanto como la de mi Sony (hoy todo se hace de plástico, que es más barato y ligero), se nota el paso del tiempo, y el dispositivo funciona de puta madre. Es muy, muy rápido y las letras se ven de escándalo.

Lo más que me gusta del nuevo modelo, el Nook Simple Touch, es que es táctil (mediante tecnología de infrarrojos, evitando las pantallas capacitivas y sus reflejos). Da la impresión de que tienes una enorme superficie para leer.

Nook Simple Touch

Nook Simple Touch

Por otro lado, una compañera del curro tiene un Kindle 3, y el otro día me lo enseñó. Por lo que pude ver, la letra también se ve muy bien, y en cuanto a velocidad de paso de página, tampoco se queda atrás. Así pues, suponiendo que me comprara cualquiera de los dos, iría más que cubierto en ambos aspectos.

Lo que más me impresionó del Kindle fue el diccionario integrado. Tengo intención de leerme algunas novelas en inglés para ir cogiendo soltura (mi nivel de inglés no es malo, pero como se imaginarán, las palabras «gorguera» y «sobreveste» quedan un poco lejos de mi experiencia cotidiana), y lo que no quiero es tener que tener un diccionario al lado para buscar palabras que no me sepa (no lo hice con The City & the City, de China Miéville, y me costó lo mío cogerle el tranquillo). Buscar una palabra en medio del texto era inmediato con el Kindle, y eso es un factor importante.

Kindle 3

Kindle 3

He estado mirando algunas comparativas que recomiendan el Nook, cuya última iteración es posterior al Kindle 3, y por lo tanto presenta tecnología más pulida. En el fondo, las pantallas vienen a ser lo mismo (solo hay un fabricante a fin de cuentas). Por otro lado, también he leído que el diccionario del Nook es una mierda. No es que sea el factor más importante, pero algo cuenta.

La mayor baza del Kindle es… el DRM. Sí, no me tiren piedras (tengo otra historia en borrador sobre esto PUTA FALTA DE TIEMPO LIBRE CAGONDIOS). Me explico.

Con un Kindle tienes a tu disposición una de las mayores, si no la mayor, tienda de libros electrónicos del planeta. Vale, la mayoría está en inglés, pero supongo que eso cambiará poco a poco. Comprar un libro en la tienda Amazon es un proceso indoloro e inmediato. Y sí, tiene DRM, pero si lo que quieres es leer el libro tú y ya está (para mí el concepto de «préstamo digital» es un poco forzado), perfecto. Tienes miles y miles de libros a tu disposición para arruinarte a gusto.

Barnes & Noble no tiene una selección tan extensa (y menos en español), así que no me vale. En cualquier caso, ambos permiten meterle libros de dudosa procedencia, con ventaja para el Nook porque admite el formato ePub, cosa que el Kindle no (nada que no pueda arreglar esa pieza imprescindible de software que es el Calibre).

¿Tienen ustedes experiencia con alguno de los dos cacharros (o con los dos)? Si es así, ¿qué me recomiendan?

Cómo hablar con niñas pequeñas

Vamos a ponernos en situación. Supongamos que vas por ahí paseando y te encuentras con un amigo/amiga/pareja de amigos/conocidos/whatnot con hijos, y más específicamente, al menos con una hija.

Ahora piensa en lo que hará la práctica totalidad de los circunstantes llegado ese momento.

tic tac tic tac tic tac tic tac

Sé que la pregunta puede parecer un tanto abstrusa, pero me consta, por experiencia (a ambos lados del espectro), que la reacción usual es decir algo así como «¡qué niña más bonita!», o algo similar, acompañando el comentario de una revoltura de pelo (si se trata de un niño, lo normal es un «¡qué grande está!» o algo así).

No sé ustedes, pero recuerdo perfectamente que, cuando era pequeño, me tocaba mucho los cojones semejantes muestras de condescendencia adulta. De hecho, tengo tan marcado a fuego esa reacción típica, que cuando yo me encuentro con un amigo/amiga/pareja de amigos/conocidos/whatnot con hijos, lo que hago es saludar con la mano a los niños, sea cual sea su sexo.

Oh, sí, queda raro, pero me pongo en la piel de esos niños y no quiero contribuir a sus futuros traumas.

Vale, en realidad tampoco es para tanto, y no seré yo el guapo que salve la distancia generacional entre niños y mayores, claro que no, pero, en la medida de lo posible, me gusta respetar el espacio de los enanos. Ah, también suelo ponerme a su altura para dirigirme a ellos. De repente notas cómo captas su atención de forma inmediata 😛

El contenido de las conversaciones que tienen lugar después puede ir desde lo meramente correcto hasta lo decididamente surrealista. Pero la idea con la que tienen que quedarse es con la reacción original, fijándose en el envoltorio del niño. Claro está, hasta que no empieces a hablar con el progenitor de marras, tampoco vas a saber de qué madera está hecho el interior. Resultaría raro ponerse a glosar los éxitos académicos del crío de entrada, sobre todo si no tienes ni puta idea de cuáles son.

Todo esto viene a colación por un artículo que leí hace unas semanas, titulado How to Talk to Little Girls, firmado por Lisa Bloom.

Si dedican un momento a leer el artículo verán que hace referencia a un problema del cual, francamente, no soy consciente, pero quizás en los Estados Unidos sí que sea habitual. Se trata del hecho de que hay padres que inculcan a sus hijos desde pequeños el culto al cuerpo, lo cual hace que la escala de valores de los pequeños (sobre todo si se trata de niñas) esté contaminada desde que son incluso demasiado pequeños como para comprender de qué va el tema.

Piensen en mi situación. Claudia es una monada de niña, Rubia, ojos verdes enormes, mirada angelical y sonrisa perenne. Ya se imaginarán el cariz que toma cualquier conversación con un amigo o conocido. No he visto a nadie que haga lo que describe Lisa Bloom en el artículo (ponerse a su nivel visual y preguntarle por lo que lee, o dibuja, o sus estudios, o cualquier cosa que no tenga que ver con la belleza). Tampoco es que me parezca mal que se pongan a piropearla, porque a fin de cuentas, Noli y yo nos encargamos de intentar inculcarle los valores correctos (aunque con el padre sacándole fotos cada dos por tres, no sé yo xD).

Me consta que el artículo está dirigido más bien al público estadounidense, pero no está de más recordar que la anorexia, la bulimia y otros desórdenes del comportamiento relacionados con la percepción del aspecto físico, son una posibilidad muy real con la que quizás tengamos que lidiar en el futuro.

Mundos imaginarios de inigualable belleza

Los artworks de los videojuegos, ilustraciones que sirven como base para crear posteriormente los modelos que se usan en los mismos, siempre han sido para mí una fuente poderosa de atracción. Normalmente se sitúan a medio camino entre una imagen hiperrealista y un boceto hecho con cuatro rayas. Lo justo para dar una idea de lo que se quiere hacer, pero sin entrar en el terreno de lo que luego no se va a poder modelar de ninguna de las maneras.

Echando un vistazo a vídeos del futuro Guild Wars 2, que pinta muy bien, he llegado de casualidad a un artículo de beautiful life con un montón de ilustraciones de Daniel Dociu, director artístico de ArenaNet, filial estadounidense de NCSoft, que son los desarrolladores de la saga Guild Wars.

Mi favorita de las que se muestran en el artículo es la titulada Guild Wars 2 Dragon Pit (aquí se puede ver en grande).