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Bifurcado recursivamente desde 1974

Mes: mayo, 2011

There can be only one crab

Les voy a proponer un pequeño juego mental para estas horas de la tarde. Tomen a estos dos personajes:

El KurganSeñor Cangrejo

Ahora imaginen al kurgan, a la izquierda, con la voz del señor Cangrejo, a la derecha. O lo que es lo mismo, con la voz de Luis Grandio.

Sí, lo sé. De haber tenido una voz así, probablemente alguien hubiera ideado un fan film en el que al kurgan, tras perder la cabeza a manos de mi actor estrábico carapalo favorito (Rufus Sewell me gusta más, pero no es carapalo, así que Christopher Lambert disfruta de categoría propia en solitario esplendor), le cosían la cabeza y lo resucitaban para, acto seguido, matarlo de nuevo aprovechando el atontamiento postresurrección.

¿Magia? No, tecnología. Sí, sé que la frase no viene a cuento, pero tengo sueño y se joden.

Bien, resulta que en inglés, la diferencia no es tanta como pudiera parecer. De hecho, no es diferencia en absoluto, porque el actor de doblaje del señor Cangrejo es Clancy Brown, que casualmente es el actor que daba vida al salvaje estepario de Highlander.

Lo curioso es que un amigo (ahí has estado atento, Jordi), descubra esto porque se dé cuenta de que el hermano Justin Crowe, de la serie Carnivàle, es justamente el mismo tipo.

Derezz

#yoconfieso que soy un adicto a las bandas sonoras de películas. La banda sonora de Inception ha ocupado un lugar de honor durante bastante tiempo en mi reproductor, pero recientemente ha sido destronada por la banda sonora de Tron: Legacy.

Tron: Legacy tiene dos características fundamentales:

  1. Es una paja visual en toda regla. Mis ojos se corrieron varias veces mientras veía la película.
  2. La banda sonora de Daft Punk le sienta como un guante. Se ajusta a la perfección a cada escena, y es muy, muy potente.

Por lo demás la peli me pareció un poco vacía, pero mentiría si dijera que no disfruté como un enano viéndola. Será que estaba ocupado limpiándome las corridas de los ojos con un pañuelo.

La emoción, ya saben.

Al margen de eso, hay una canción dentro de la banda sonora que me llamó la atención: Derezzed.

Esta pieza me llamó la atención, digo, porque es una de las canciones más movidas de toda la banda sonora, y también por el título. En realidad me sonaba, pero no exactamente porque quede bien claro lo que significa el término derezz en la escena en que aparece, sino porque había escuchado el término recientemente en otra parte. Concretamente, en la serie Caprica.

En Caprica se usaba el término derez (creo recordar que son una sola «z») para referirse a la muerte virtual de un avatar en New Cap City, la ciudad al estilo Matrix que replicaba la capital del planeta Caprica. Y ese es exactamente el significado que tiene en Tron: Legacy.

El término, de hecho, fue acuñado en la película Tron original, en un diálogo entre Flynn y Yora. El término no es que sea muy utilizado (yo no lo había oído en la vida hasta Caprica), pero tiene su propia entrada en el Urban Dictionary.

Lo malo es que ahora me paso el rato diciendo cosas como «te meto un sopapo que te hago un derez sobre la marcha», y claro, se pierde el efecto de autoridad porque la gente no tiene ni puta idea de lo que estoy diciendo. Malditas compulsiones tecnológicas.

PS Hay un montón de datos más, citas incluidas, en un wiki que he encontrado dedicado al universo Tron.

Westeros no tiene presión demográfica

Me compré el primer libro de la saga Canción de hielo y fuego, Juego de tronos, hace unos cuantos años. El libro me enganchó de tal manera que me compré de forma inmediata los otros dos volúmenes que había disponibles, Choque de reyes y Tormenta de espadas. Posteriormente salió Festín de cuervos y me lo agencié sobre la marcha.

Mi amigo Isra opina que George R. R. Martin, el autor, en realidad no tiene ni puta idea de cómo va a acabar todo el tinglado que ha montado y está demorando la escritura de los libros restantes a ver si tiene suerte y la Parca se lo lleva antes de terminar. Camino lleva el muy hideputa, y encima va dando pistas, poniendo pañitos calientes en plan «eh, con la misma no lo acabo, o lo acabo mal y eso».

<flame>Por cierto, a mí también me pareció una mierda el final de Lost.</flame>

Cuando me enteré de que se iba a rodar Game of Thrones, la serie basada en el primer libro de la saga, me pegué una semana con una erección importante que llevó a equívoco a más de una fémina (ya saben, eso de «¿te alegras de verme o es que llevas un transmogrificador runcinate en los pantalones?»). El problema con estas series es que las expectativas están muy altas.

Y la serie no me ha defraudado. Pero hay que matizar un par de cosas.

En primer lugar, no es lo mismo ver Game of Thrones habiéndote leído previamente el libro que sin hacerlo. De hecho, en ambos casos se está viendo una serie completamente diferente. No sé cómo será ver la serie sin haber leído el libro, porque a diferencia de los habitantes de Besźel y Ul Quoma, no tengo la habilidad de no-ver las cosas (o de no-pensar en ellas, para el caso). Sin embargo, creo que los que hemos leído el libro tenemos una ventaja, porque rellenamos los huecos de la serie con lo que ya sabemos que ha pasado, o que va a pasar.

Uno de los mayores aciertos de la serie es que no pretende seguir el libro hasta la última coma. De hecho, eso sería un error lamentable. No imagino a Eddard Stark teniendo un flashback al llegar al Trono de Hierro recordando la noche en que los Lannister entraron a sangre y fuego en la Fortaleza Roja y encontró a Jaime Lannister pinchándose el culo con las espadas. Hay recursos que en un libro funcionan de puta madre, pero que en una serie puede ser que no funcionen para nada.

Sin embargo, hay una serie de cosas que me parecen un poco sangrantes, aunque en general no me disgustan hasta el punto de querer matar cachorritos cuando veo un episodio. Casi todo el mundo coincide en que los huargos tienen mucho menos protagonismo del que debieran. Por otro lado, la edad de los niños Stark ha sido aumentada (en opinión de mi amiga naranja para que los organismos de clasificación por edades no crucificaran a los productores usando niños pequeñitos en una serie donde la palabra fuck y las folladas salvajes están a la orden del día.

Ahora, lo que me chocó cuando empecé a ver la serie fue la gente. O más bien la ausencia de ella. Ya me pareció raro que Invernalia pareciera un patio de caballos con cuatro tíos pululando por allí, pero cuando la comitiva del rey Robert llegó a Desembarco del Rey exclamé «¿dónde coño está todo el mundo?». Ciudad desangelada, hoyga. Para ser la capital de los siete reinos, yo diría que el pueblo donde viven mis suegros tiene más gente. Episodio tras episodio me daba cuenta de que la serie tampoco es que cuente con un presupuesto estelar. Por lo menos para pagar muchos extras no tienen xD

¿Importa eso? Pues mire, no. Como les dije, donde alguien que no haya leído el libro ve a 200 personas en el torneo de la Mano, yo veo a miles por arte de la autosugestión. Eso sí, más le vale tener algo más de presupuesto para la segunda temporada, porque si no, a ver cómo se las arreglan con la pila de batallas que tienen lugar en A Clash of Kings.

Suscripción por correo al blog

Al trastear en este blog tengo una poderosa sensación de déjà vu, jojojo.

Acabo de añadir una sección en la barra lateral de la izquierda, al fondo, titulada «Suscripción por correo». Como el común de mis lectores tiene el perfil de persona ilustrada, no insultaré su inteligencia detallando para qué sirve el pequeño formulario de esa sección.

En el antiguo blog tengo unos 45 suscriptores de correo (en realidad algunos menos, porque hay personas que nunca llegaron a confirmar la suscripción), así que tendré que informarles de lo que tienen que hacer si quieren mantener su suscripción.

Me encanta el olor del spam recién hecho por las mañanas xD

Am3rica, 3ngland, Franc3, G3rmany

Lo más probable es que más de uno de ustedes (hay que joderse, hablo como si ya tuviera lectores) haya cogido el Kalashnikov que tiene junto a su pierna al ver el título, para pegar unos cuantos tiros al aire y desear con toda su alma que le regalen un traje de buzo y peregrinar hasta donde quiera que esté aguarrado (porque no tiene sentido decir «enterrado» cuando hablamos de la mar océana, ¿no?) el conspicuo Bin Laden.

Sí, amigos y vecinos, Infinity Ward Treyarch Sledgehammer Studios la ha vuelto a liar. Aunque esa frase es un pelín incorrecta, porque este es el primer juego de la serie que hace ese estudio. Dejémoslo así.

Yo tengo en mi juegoteca el Call of Duty: Modern Warfare y el Call of Duty: Modern Warfare 2. Mentiría si dijera que no disfruté con ambos. De hecho, disfruté como un puto enano. Mi corazoncito de invasor de países con serios problemas estructurales estaba exultante de puro júbilo pegando tiros.

Pero no me negarán que el precio del juego es un robo a mano armada si no eres una puta del multijugador. Como es mi caso.

No me distingo precisamente por tener unas habilidades sociales muy afiladas, cosa que debería hacer que me sintiera cómodo reventando las caras de tíos que viven en Omsk y a los cuales no conozco de nada usando un RPG. Sin embargo, siempre he sido un gamer de tipo autista. Disfruto con los juegos para mí solito, y disfruto dobleplusbueno (vayan acostumbrándose a la neolengua, por cierto) con una buena campaña, que sea tan realista que al final de una partida note cómo mi camisa no me cabe por el abultamiento de los músculos en general y del pene en particular.

Me gustaron las campañas del CoD:MW y del CoD:MW2 (más la del primero quizás), pero me parecieron cortas. Muy cortas. Sangrantemente cortas para juegos que salieron rozando los 60 euros, y que aún hoy, después de cuatro y dos años, respectivamente, siguen teniendo precios absurdos (ya hablaré de eso en otro momento). Creo que el primero me duró seis horas y el segundo cinco. No les digo nä y les digo tö.

En esa tesitura, ya había decidido no comprar el Call of Duty: Modern Warfare 3, porque así no hay manera de rentabilizar la inversión.

Hasta que he visto el trailer de lanzamiento. Me cago en dios.

Es inevitable. Infinity Ward Treyarch Sledgehammer Studios tiene mi alma y mi dinero. Solo rezo para que, con tanta ciudad por destruir alegremente, no les quede más remedio que hacer una campaña individual más larga que las que se han hecho hasta la fecha.

El iPad no es para mí

Hace unas semanas le regalé a Noli un iPad 2. Cuando Apple lanzó al mercado la primera encarnación del cacharrito ese, no quise comprarlo porque no se adaptaba a mis necesidades (reproducir vídeo en alta definición, básicamente). Pero eso es algo que han mejorado en el iPad 2, así que ya no tenía excusas.

Un momento.

Estoy hablando de mis necesidades. Pero se lo regalé a Noli. Bueno, no empiecen a descojonarse, que este no es uno de esos regalos interesados.

Que no, coño, que es verdad. Que es de ella. Que yo casi no lo uso.

QUE DEJEN DE REÍRSE, JODER.

Bueno, no voy a lograr que dejen de descojonarse, así que les explicaré el porqué del título de la historia. Cuando le regalé el cacharrete a Noli, lo primero que hice fue buscarle las cosquillas. En casa tenemos dos sistemas operativos instalados (aparte del que Claudia y Gabriel tienen en sus cerebros, llamado caOS). En el servidor y en nuestros portátiles tenemos Linux Mint, mientras que en el ordenador de sobremesa tenemos Windows 7.

Yo sabía que no tendría problema para sincronizar el iPad desde Windows, a través de iTunes (dios, cómo odio ese programa), pero quería ver qué podía sacarle al iPad desde Linux. Me basé en una guía bastante completa que describía cómo sincronizar el iPad desde Linux.

Peeeeeeeeeero no hubo manera. Esa guía está pensada para sincronizar contenidos musicales, pero no para acceder al iPad como si fuera un dispositivo de almacenamiento normal y corriente. Como todavía no le han hecho jailbreak al iPad 2, pues nada, toca joderse.

Lo significativo del asunto es que me pegué toda la mañana con el iPad conectado al portátil haciendo perrerías. De vez en cuando cogía el iPad para hacer alguna cosa que necesitaba (por ejemplo, cargar un contenido por la Wi-Fi, a ver si lograba verlo desde Linux). Sin embargo, la mayor parte del trabajo era en el portátil. Cuando me di de cuenta, me puse a reflexionar.

Desde que salió el primer tablet con Android en respuesta al iPad, quise uno. Yo me conozco, y si no puedo trastear con un equipo hasta las tripas, no me siento contento. No digo que el iPad sea mal producto, ni mucho menos. Lo que digo es que, siendo como soy, me resulta mucho más atractivo un producto Android.

Sin embargo, hoy por hoy, no hay ningún tablet con Android que le huela el bufo (como diríamos en mi familia) al iPad. Aparte de tener precios absurdos (calculen lo que les sale un Motorola Xoom «financiado» por Vodafone), a Honeycomb 3.0 le falta un hervor. Y pagar más de 1.000 euros por un producto que es considerado de forma casi unánime por los analistas como «sí-pero-no», pues mirusté, no.

Tengo claro que quiero un tablet. En mi opinión, resulta increíblemente útil tener uno. Pero también quiero meterle mano amorosamente bajo la falda, y eso es algo que no puedo hacer con facilidad en un iPad (sin jailbreak de por medio). Así que, por ahora, esperaré 😛

Der Backstein des Konzentrationslager

La naturaleza humana nunca deja de sorprenderme. Normalmente, para mal.

El otro día estaba buscando en Google la palabra Konzentrationslager, para saber si la había escrito bien en un correo (y no, no quieren saber para qué cojones estaba usando esa palabra en un correo). Curioseando, me encontré con un enlace que hace que piense que hay gente que está muy, pero qué muy mal de la cabeza. Porque, vamos a ver, ¿para qué narices querría nadie modelar un campo de concentración nazi con piezas de lego?

Pues se le ocurrió a un tipo llamado Zbigniew Libera, un artista polaco que un buen día decidió pedirle a la compañía LEGO un juego de piezas para construir una prisión y un hospital… Solo que, a medio camino, el hombre pensó que sería una magnífica idea construir en su lugar un campo de concentración. Con sus prisioneros esqueléticos tras vallas y todo.

Ya se imaginarán que esto no le hizo ni puta gracia a la compañía. Claro que tampoco es muy de extrañar de un tío que hace estas cosas:

His recent artworks employ ordinary objects to mock mass culture’s obsession with everything from large sex organs to trendy narcotic highs.

No he encontrado ninguna obra suya buscando por large sex organs, pero echen un vistazo a lo que ofrece el buscador de imágenes de Google de este hombre, que no tiene desperdicio.

PS No sé si el título está bien escrito, que uno no tiene ni idea de alemán, pero se supone que ahí dice «el ladrillo del campo de concentración» o algo así.

Reboot

I… am… ALIVE!

Podríamos decir que esta historia está entrelazada de forma cuántica con esta otra de mi antiguo blog. Ya que este blog es, a fin de cuentas, una continuación del anterior, es conveniente dejar un puente tendido entre uno y otro, no sea que los caminantes se me pierdan en el camino hacia Harrenhal y… No, borren eso, que tengo la cabeza demasiado saturada con A Song of Ice and Fire xD

Cuando empecé a escribir en mi antiguo blog, el 5 de mayo de 2005, lo hice con lo puesto. No tenía lectores, pero lo que sí tenía era unas ganas terribles de escribir historias y de hacer spam por correo a mis amigos para que se enteraran de que, oh cielos, iba a dejar de darles la brasa con historias a las que nadie importaba para hacer que dichas historias le importaran aún menos a un número mucho mayor de personas, por arte de birlibirloque vestido de byte.

Con el tiempo fui ganando lectores, algunos de los cuales me han seguido acompañando hasta el día de hoy, aún a sabiendas de que escribir, lo que se dice escribir, no es que sea algo que haga mucho últimamente.

Pero aquí estoy, otra vez dispuesto a empezar desde cero. En realidad no sé cuánta gente se «mudará» para empezar a leerme aquí, pero confío en que, con el tiempo, poquito a poco, aquellos que estaban interesados en las paridas que contaba, se vengan por aquí, a esta mi nueva casa 🙂

Evidentemente, no por cambiar de blog voy a escribir más. Eso es algo que no tiene nada que ver con la tecnología… Pero también es cierto que en estos últimos días he dedicado más energía a la escritura y puesta a punto de los dos blogs, el viejo y el nuevo, que en el último año, todo junto. Quizás eso quiera decir algo. O no.

Dado que ahora soy el único responsable de que esto funcione o se vaya a la mierda en menos de lo que tardarías en decir Kundërzhurmëkrijuesabërësave en idioma albanés, ya saben a quién tienen que contarle los fallos y sugerencias. Cualquier sugerencia será bienvenida, aunque obviamente, sugerencias del tipo «aféitate los huevos con extracto de guindilla cayena» serán menos apreciadas que sugerencias del tipo «¿y no podrías poner un color verde limón en los enlaces, gañán?».

Porque fallos habrá, a montones. Y cosas que mejorar también. Pero como no quería entrar en ese antipatrón tan querido por las personas de perfil obsesivo-compulsivo llamado analysis paralysis, pues he preferido poner esto en marcha en un estado menos-que-ideal. Ya me entienden.

Si esto fuera la serie Spartacus, diría algo así como «¡QUE EMPIECE EL ESPECTÁCULO! ¡SANGRE Y TETAS!». Pero como no es la serie, quitaré lo primero, porque lo segundo siempre mola.