adastra.fork ( );

Bifurcado recursivamente desde 1974

Mes: octubre, 2011

Esos denostados templos del saber

Ayer estaba hablando con una amiga acerca de la mejor forma de inculcar el hábito de la lectura en los niños. Y antes de continuar, tengo que hacer un doble disclaimer, o como debería decirse en español, expreso mi limitación de responsabilidad.

  1. Nunca he pisado una biblioteca pública excepto para estudiar. Es decir, no he sacado nunca un libro en préstamo de una biblioteca pública.
  2. Mi pasión por la lectura se desarrolló de una forma un tanto tardía, a eso de los 14 años, más o menos.

Dicho esto, prosigo. Esta amiga me comentó, de repente, que este fin de semana iba a inscribirse en una de las bibliotecas públicas que le quedan cerca de su casa, con los niños.

Me quedé electrizado y con ganas de meterme un double facepalm por no haber pensando antes en eso. Pero todo tiene su explicación.

Siempre he sido un consumidor ávido de información, así que el segundo punto de mi limitación de responsabilidad es un poco tramposo, porque en él me refiero a novelas. En realidad yo leía toneladas de libros desde pequeño, solo que eran enciclopedias que compraban mis padres (así salí de repelente). Es decir, tuve la inmensa suerte, gracias a mis padres, de disponer de acceso prácticamente ilimitado a conocimientos que normalmente no hubiera adquirido a mi edad ni de coña. Nunca podré estarles lo suficientemente agradecido por ello.

Quizás eso explique que no haya pisado una biblioteca pública en mi vida para consultar un libro. Claro que, ustedes podrían pensar «¿y para qué quieres ir a una biblioteca teniendo internet?».

En mi opinión, eso es como preguntar para qué quieres un restaurante de vela y mantel teniendo McDonald’s.

Internet es la fuente de información más potente que existe, pero como dijo alguien, un gran poder implica una gran responsabilidad. Cuando das saltos por ahí en la red tienes que tener el sentido crítico muy afilado para que no te la metan doblada. La capacidad de filtrar información es tan importante como la capacidad para encontrarla entre tanta mierda.

Pero no creo que a nadie se le ocurra que internet, en sí, pueda despertar el mismo respeto reverencial que ofrece una biblioteca, silenciosa y llena de libros.

Tú acudes a internet cuando quieres información pero ya. Es tremendamente fácil encontrar, pero no tan fácil discernir el grano de la paja.

Tú acudes a una biblioteca sin prisas, porque vas a buscar algo raro, difícil de encontrar, profundo.

¿Eso quiere decir que ambos extremos son opuestos? Mire, no. En realidad no se trata de un debate «internet sí/no, bibliotecas no/sí». Se trata más bien de que, si quieres inculcar a tus hijos un cierto sentido de la maravilla, del peso de la historia, de lo que pueden hacer un puñado de letras puesto uno detrás de otro por personas que llevan muertas mucho, pero que mucho tiempo, no lo haces a través de internet. Lo haces, como diría Rinzewind, a través de esos trastos con lomo.

De libros.

Anuncios

Frases memorables

Íñigo Saul Berenson Montoya

Íñigo Saul Berenson Montoya

Hola. Soy Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir.

PS Gracias, guiri xD

Cosas de la Madre Rusia

Que yo disfruto de un agradable (y extremo) caso de rusofilia, es algo que no se le escapa a nadie que me conozca. Si hay dos cosas que puedan hacer que ustedes piensen en mí, son las vacas y Rusia. Y si hablamos de una vaca rusa, ya ni les cuento.

¿Saben ustedes esos anuncios de grandes almacenes que nadie nombra por no hacer publicidad pero que todo el mundo sabe que se trata de El Corte Inglés? ¿Cuando hablan de la semana temática del taparrabos, por ejemplo? Pues en la Comunidad del Membrillo™ tenemos algo parecido estos días: la semana temática de la Россия-Матушка.

Mi amigo Isra descubrió un blog que he puesto como lectura de cabecera ipso facto: Rusadas.

En dicho blog podrán comprobar cómo se hace una campaña electoral de verdad, la manía que tienen los chinos de copiar a los rusos, el concepto de creatividad aplicado a la construcción de plazas de aparcamiento, o por qué no te conviene ser un pirata si mandan a marines rusos tras tu culo.

¿Se imaginan a Rajoy con un ejército de titis con ropa ligera glosando sus virtudes?

Yo NO.

Ser invertido, esa lacra

A decir de ciertas personas, el mundo se divide en personas straight e inverted. Es más, la mera elección de las palabras implica un juicio moral, y si no se lo creen, prueben a darle la vuelta a las palabras: ellos (o nosotros) son straight y nosotros (o ellos) son inverted.

Y es que todo es cuestión de punto de vista, en el fondo. La mayoría dominante y esas cosas. Ya saben cómo funciona el cotarro.

Supongamos que estás en tu casa y que te apetece jugar a algo. Tú eres no-invertido, e invitas a tus amigos, pero no sabes si son invertidos o no, porque es un tema delicado sobre el que no se hacen preguntas.

En esto que estás en tu casa, llegan tus amigos, te preparas para jugar, y entonces uno de tus amigos, con evidente incomodidad, confiesa:

Es que yo soy invertido.

Y tú que creías conocerle… ¿Y ahora qué, eh? ¿Todos invertidos o todos no-invertidos? ¿Vamos cambiando a medida que jugamos?

¡QUEREMOS SABER!

Los jugadores invertidos son una lacra de la sociedad. Por su culpa, pasan cosas como esta:

El otro día tuvimos ocasión de comprobar lo chungo que es mezclar invertidos con no-invertidos… O mejor dicho, mezclarme yo con los demás, porque… Esto…

Yo soy invertido.

No, qué coño, los invertidos son ellos.

Y claro, jugando al Team Fortress 2, compartiendo aparato, cada vez que lo agarraba yo, venga, a cambiar el ratón para poner vista vertical invertida.

ME CAGO EN TODO, CUANDO SUBES EL RATÓN TIENE QUE BAJAR LA CÁMARA Y VICEVERSA.

Period.

PS Buena mierda suministrada por GamesAjare.

A veces la nostalgia puede salir un pelín cara

Algún día de estos les hablaré de mis impresiones sobre el tiempo que estuve jugando al World of Warcraft, que tampoco fue tanto tiempo en realidad. Siempre fui un jodido casual con pocas horas de juego a sus espaldas. Supongo que eso fue lo que me salvó el orto.

Mis andanzas con el susodicho juego comenzaron en diciembre de 2005, como conté en su momento, y acabaron en algún difuso momento de este año, si no me engaña la memoria. Tampoco es que lo celebrara, vamos.

Vamos a suponer, por un momento, que se dan las siguientes condiciones:

  1. Les sobra el dinero.
  2. Son unos enfermos del copón.
  3. Sufren ataques de nostalgia peores que una cagalera a pleno sol durante una caminata inducida por exceso de ingesta de albaricoques confitados.
  4. Quieren montar un servidor de WoW, pero quieren hacerlo a lo grande.

Pues da la casualidad de que los astros se han alineado para que, si cumple usted las condiciones anteriores, pueda dar salida a sus oscuras pulsiones, tarjeta de crédito en mano.

Porque, ¿quién no querría tener una placa de servidor original de World of Warcraft en su casa?

Placa madre original de servidor de WoW

Esta mierda es HISTORIA, hamijos

Mi amigo Óliver ha prometido que se comprará una para ponerla en una burbuja de metacrilato en la casa. Luego el clan de los orcos al que pertenecemos se reunirá al completo para rendir abyecta adoración, ofreciendo libaciones de abundante cerveza y ofrendas a base de hamburguesas metacalóricas.

Eso sí, los gastos de envío son un pelín salados. Pero piensen que todos los beneficios van al St. Jude Children’s Research Hospital, si eso les ayuda a descargar su conciencia xD

Los extraños vericuetos de la amistad

Ayer volvía a casa en coche (¿cómo carajo quieren que vuelva si no, arrastrándome sobre mis testículos desollados?), escuchando el álbum Pilgrim de Eric Clapton a un volumen capaz de hacer que las erupciones de El Hierro se retrotrajeran, y me dio por pensar en mis amigos.

No, eso está mal expresado… Pienso en mis amigos a menudo, normalmente para cagarme en sus putas madres desde el cariño y el más profundo de los respetos, por supuesto. En realidad me puse a pensar en el momento en que algunos de los orcos a los que hoy considero amigos pasó a tener tal consideración cuando, unos momentos antes, era un perfecto desconocido.

Hay muchas formas de hacer amigos, y cada forma tiene un número de variantes. Por ejemplo, un clásico es el-amigo-del-colegio, ese que no conocías cuando te sentaste a su lado en el pupitre, pero que ya era tu amigo del alma a quien hubieras entregado el culo de tu hermana a la hora del recreo.

Luego están los amigos de borrachera, aquellos a los que normalmente escupirías pero a quienes, en un rapto de exaltación etílica, juras amistad eterna para descubrir con horror, a la mañana siguiente, que eso que tienes al lado no es una tía… Er… No, creo que me estoy confundiendo de historia.

Luego hay amistades que se van creando de forma progresiva, sin darte cuenta. Un buen día estás en el baño haciendo aguas mayores y te das cuenta de que esa persona con la que tienes trato es tu amiga como por arte de birlibirloque. ¡Y tú sin celebrarlo con whiskey, humo y putas, como es preceptivo! Me hago viejo.

Esto que les he contado por comprensión puede enunciarse por extensión, pero quiero limitarme a tres de mis amistades con inicios mas raros. Tengo los recuerdos de cada una de ellas clavados como postes en el pantano cenagoso de mi memoria, y eso tiene su mérito.

Caso de éxito #1

Aaaah, mi amigo Víctor. Es uno de mis más viejos amigos. Hace 23 años que nos conocemos, y aunque hemos perdido bastante el contacto, todavía nos llamamos de tarde en tarde.

La forma de conocernos hubiera sido de manual (dos perfectos desconocidos que se sientan juntos en clase de 1º de BUP), si no hubiera sido por el inevitable conversation starter, que fue un poco raro. Es como eso que les digo siempre de que los friquis son un poco como los perros, reconociéndose por el aroma del orto. Pues eso.

El caso es que el hombre hacía gala de sus conocimientos sin saber que yo leía enciclopedias para desayunar (no busquen mi modestia, que saben que no tengo). En estas que me hace un dibujo de una forma convolucionada y me pregunta que qué es aquello, poniendo mirada pícara.

«Eso es un ammonites», le respondí yo.

Por supuesto, él esperaba que respondiera «un caracol».

Se me quedó mirando como si me hubiera salido un grueso y jugoso pene en medio de la frente. En ese momento supimos que íbamos a ser amigos para toda la puta vida, porque, ¿quién cojones te hace un dibujo de un fósil en medio de clase para que adivines qué es? ¿Y quién coño puede adivinarlo?

Estaba cantado.

Caso de éxito #2

El siguiente de mi lista no es otro que el inefable bleuge, compañero de fatigas y fricadas en la universidad. Para que se pongan en situación, allá por el 92 (sí, eso es en el puto siglo pasado), estar en clase de 1º en la Escuela Universitaria de Informática de la ULPGC significaba compartir techo con otros 300 desharrapados que intentaban sentarse lo más cerca posible de la tarima para no perderse las, por otro lado incomprensibles cosas, que soltaba el torturador Jack Bauer del tres al cuarto profesor de turno.

Yo le tenía el truco cogido a eso de pillar sitio porque formaba parte de una banda de desgraciados que se dedicaba a halagar, coaccionar o directamente ahostiar (eso es mentira, pero queda bien) a quien osara ocupar nuestros sitios.

El caso es que un día, por casualidad, no pillé mi sitio habitual, así que tuve que ponerme como 200 metros más atrás, donde no me enteraba de absolutamente nada. Y, casualidades de la vida, había dos tipos con pinta de raros (corrección: tenían la misma pinta que cualquier hijo de vecino allí dentro; la acumulación de anormalidades cambia tus criterios de percepción) hablando de fractales.

En cuanto oí la mágica palabra pegué la oreja y me pegué el resto de la clase atendiendo a la clase magistral que bleuge le estaba soltando sobre fractales al que tenía al lado (Tony, creo que se llamaba). Yo había leído algo sobre generación del conjunto de Mandelbrot en una novela de Arthur C. Clarke (creo que era El espectro del Titanic, pero no estoy muy seguro), así que lo tenía fresco.

Cuando acabó la clase me acerqué a olerle el orto a hacer el reconocimiento, le solté cuatro paridas que había leído sobre geometría fractal, y ya está. Amigos para siempre como dice el engendro de canción ese DIOS LOS MALDIGA.

Bleuge y yo tenemos cierta insana y absolutamente involuntaria tendencia a encontrarnos en el Mercadona, pero eso no quita para que seamos amigos, faltaría más.

Qué recuerdo más bonito y maravilloso.

Caso de éxito #3

El tercer caso que les voy a contar es de tipo etílico. Verán, no sé qué hacen ustedes cuando se emborrachan, pero yo hablo más de lo habitual.

¿Han sentido un escalofrío subiendo por su columna vertebral? Bien, eso espero. Es lo correcto. Porque, oh querido lector, tú que me conoces como si me hubieras parido, sabes que yo, normalmente hablo. Mucho. Imaginen, si pueden, eso multiplicado por 10 y con la lengua pastosa.

El acabose.

El caso es que salí con mi grupo de amigos, todos bestezuelas prepúberes dispuestos a… Bueno, en realidad éramos unos desgraciados que lo único que queríamos era salir de juerga. Y nos juntamos con otro grupo de bestezuelas prepúberes el cual intersectaba a nuestro grupo en uno o dos de nuestros miembros, de forma que un par de desgraciados eran doblemente desgraciados por el hecho de pertenecer a dos pandillas diferentes a la vez. Eso les hacía blanco de nuestro mudo desprecio. O quizás no. No me acuerdo.

Por estas casualidades de la vida vine a dar al lado de un tipo que se pasaba el rato sorbiendo por la nariz y con cara de estar más loco el hijoputa que una rata de albañal.

Recuerdo con claridad diáfana que lo primero que pensé es «ños, este hijoputa toma coca en lugar de cereales para desayunar». Por lo de la nariz, ya saben.

Luego resulta que tenía un problema con el tabique nasal, pero eso no es óbice para pensar mal de la gente. Mi abuela decía «piensa mal y acertarás», y mi abuela sí que sabía.

El caso es que empezamos a hablar, no sé bien por qué, de la Blitzkrieg de Polonia en 1939, un tema de lo más común cuando llevas tanto vodka arriba que la expresión «combustión espontánea» cobra un significado ominoso. De ahí pasamos a discutir las implicaciones éticas de la Kristallnacht y nuestra afición por los regímenes totalitarios fueran del lado que fueran.

Nosotros seguíamos hablando sobre la caída del tercer Reich cuando ya todos los demás se habían ido a buscar hembra por ahí. Debe de ser por eso que nunca se me dio muy bien eso de ligar.

Al finalizar la noche nos despedimos efusivamente, no sin antes jurarnos eterna amistad y bla bla. Claro que, a la mañana siguiente, con el sol clavándose en mis ojos como si me estuvieran soplando cristal molido a través del cerebro, ya no tenía tan claro por qué hostias me había pegado hablando toda la noche de la Alemania nazi con un posible cocainómano.

Nos volvimos a encontrar, sobrios, el fin de semana siguiente (aunque el estado de sobriedad, obviamente, no nos duró mucho). Tentativamente nos pusimos a hablar sobre la caída de la República Romana y los primeros días del Imperio Romano, a ver si aquello había sido un espejismo en el fondo de la botella de Turgueniev. Pero no, resulta que empatábamos.

Y amigos somos, hasta la fecha. Quién puñetas lo iba a decir.

Conclusión

No hay. Si quieren moraleja, léanse un cuento de Perrault, carajo.

Bueno, sí… Que si se encuentran a una persona que les dibuja un ammonites a la vez que le explica la naturaleza fractal de ciertos fósiles mientras suspira de nostalgia añorando los días de playa en el norte de África estando en la Wehrmacht, cásense con ella.

Rabia

Podría citarles unos cuantos motivos por los que leo GamesAjare, un blog especializado en videojuegos. Y si se les ha pasado por la cabeza la idea de una redacción, en plan corporativo, saquen su cerebro, lo limpian con un poco de lejía, y se lo vuelven a poner.

Los señores de colores son… otra cosa.

Verán, blogs que se dediquen a hablar de videojuegos hay muchos. Qué digo muchos, zillones de ellos. Y casi todos hablan de lo mismo: novedades. Cada vez que sale un vídeo sobre un videojuego por publicarse, zas, ahí van zillones de blogs a hablar de el susodicho, cada uno con su estilo, cada uno con su peculiar gracia. Pero no dejan de hablar de lo mismo, una y otra vez.

Pero los señores de colores, no. Estos tipos se pasan por el forro de los cojones las novedades, y tan pronto te pueden estar hablando de algo de rabiosa actualidad, como pueden estar hablándote de un juego que salió hace como cosa de 15 años, ¡haciendo un análisis como si hubiera salido ayer!

Así que, en lugar de citarles las razones por las que los leo, les emplazo a que lean este análisis (perdón, analis dis) de Rage, un juego de idSoftware que ha salido hace poquito. Les aseguro que no he leído ningún análisis, ninguno, que se le acerque ni por el forro. Estos tíos aman los videojuegos, y por eso nos los amamos a ellos.

Porque, ¿quién cojones describiría un videojuego de esta forma?

RAGE es como si Adriá te prepara unos macarrones y al final de postre se mete debajo de la mesa y te hace una mamada. Coño, la felación sobraba, pero hay que reconocer que los macarrones estaban bastante buenos pese a que quizá no estaban adecuadamente deconstruidos.

Esa mirada

Esa mirada

Mi mirada puede decir muchas cosas.

Pero nunca es calculadora.

Nunca te desea ningún mal.

Para ti, es transparente.

Y solo contiene una cosa.

Amor.

¿Y por qué coño no?

Tuve un colega en la universidad, Ossian, que tenía una máxima: cuando alguien le preguntaba por qué iba a hacer tal o cuál cosa, él respondía «¿y por qué coño no?».

No me nieguen que, como filosofía vital, tiene su aquello.

Hace un montón de meses y un blog, tomé la decisión de escindir mi muestrario fotográfico, poniendo las fotos en el fotoblog, desacoplado.com, mientras que las rayadas que me hacen candidato a frenopático irían aquí.

Contemplándolo en retrospectiva, creo que cometí un error. De hecho, ante la pregunta «¿debería seguir publicando fotos en el propio blog?», la respuesta obvia debería ser «¿y por qué coño no?».

El tema es el siguiente… Para mí resulta obvio que el fotoblog no tiene tanto predicamento, ni de lejos, como este blog. No tengo ni idea del número de visitas (no miro las estadísticas, ni en uno ni en otro), pero teniendo en cuenta que ni cristo menciona mi fotoblog, tengo fundadas sospechas de que lo visitan cuatro gatos.

Hombre, qué quieren que les diga, ya me gustaría a mí que fuera la envidia del mundo mundial, pero sé que no le hago promoción suficiente. Lo cual no quiere decir que vaya a renunciar a él, ni mucho menos. Y aquí viene el requiebro.

Después de mucho pensarlo, creo que he enfocado mal el asunto, separando ambos mundos, el fotográfico y el verborreico, como si fueran látex y lubricante con base al aceite, con un culo de por medio. Porque nada me impide tener el fotoblog como carta de presentación de mi trabajo fotográfico, publicando aquí también las fotos para todo aquel al que no le dé la gana suscribirse al fotoblog.

Así pues, a partir de ahora publicaré también algunas fotos aquí, quizás acompañándolas de alguna historia, como hacía antaño. Y creo que voy a empezar ahora mismo 🙂

PS El fotoblog no se ve con Google Chrome, y creo que ahora tampoco se ve con Mozilla Firefox 7, (al menos desde Windows; en el Mac se ve bien). No tengo ni puta idea del motivo, así que me temo que tendré que reinstalar todos los plugins.

La de cosas que estoy tramando...