Cómo hablar con niñas pequeñas

por adastra

Vamos a ponernos en situación. Supongamos que vas por ahí paseando y te encuentras con un amigo/amiga/pareja de amigos/conocidos/whatnot con hijos, y más específicamente, al menos con una hija.

Ahora piensa en lo que hará la práctica totalidad de los circunstantes llegado ese momento.

tic tac tic tac tic tac tic tac

Sé que la pregunta puede parecer un tanto abstrusa, pero me consta, por experiencia (a ambos lados del espectro), que la reacción usual es decir algo así como «¡qué niña más bonita!», o algo similar, acompañando el comentario de una revoltura de pelo (si se trata de un niño, lo normal es un «¡qué grande está!» o algo así).

No sé ustedes, pero recuerdo perfectamente que, cuando era pequeño, me tocaba mucho los cojones semejantes muestras de condescendencia adulta. De hecho, tengo tan marcado a fuego esa reacción típica, que cuando yo me encuentro con un amigo/amiga/pareja de amigos/conocidos/whatnot con hijos, lo que hago es saludar con la mano a los niños, sea cual sea su sexo.

Oh, sí, queda raro, pero me pongo en la piel de esos niños y no quiero contribuir a sus futuros traumas.

Vale, en realidad tampoco es para tanto, y no seré yo el guapo que salve la distancia generacional entre niños y mayores, claro que no, pero, en la medida de lo posible, me gusta respetar el espacio de los enanos. Ah, también suelo ponerme a su altura para dirigirme a ellos. De repente notas cómo captas su atención de forma inmediata 😛

El contenido de las conversaciones que tienen lugar después puede ir desde lo meramente correcto hasta lo decididamente surrealista. Pero la idea con la que tienen que quedarse es con la reacción original, fijándose en el envoltorio del niño. Claro está, hasta que no empieces a hablar con el progenitor de marras, tampoco vas a saber de qué madera está hecho el interior. Resultaría raro ponerse a glosar los éxitos académicos del crío de entrada, sobre todo si no tienes ni puta idea de cuáles son.

Todo esto viene a colación por un artículo que leí hace unas semanas, titulado How to Talk to Little Girls, firmado por Lisa Bloom.

Si dedican un momento a leer el artículo verán que hace referencia a un problema del cual, francamente, no soy consciente, pero quizás en los Estados Unidos sí que sea habitual. Se trata del hecho de que hay padres que inculcan a sus hijos desde pequeños el culto al cuerpo, lo cual hace que la escala de valores de los pequeños (sobre todo si se trata de niñas) esté contaminada desde que son incluso demasiado pequeños como para comprender de qué va el tema.

Piensen en mi situación. Claudia es una monada de niña, Rubia, ojos verdes enormes, mirada angelical y sonrisa perenne. Ya se imaginarán el cariz que toma cualquier conversación con un amigo o conocido. No he visto a nadie que haga lo que describe Lisa Bloom en el artículo (ponerse a su nivel visual y preguntarle por lo que lee, o dibuja, o sus estudios, o cualquier cosa que no tenga que ver con la belleza). Tampoco es que me parezca mal que se pongan a piropearla, porque a fin de cuentas, Noli y yo nos encargamos de intentar inculcarle los valores correctos (aunque con el padre sacándole fotos cada dos por tres, no sé yo xD).

Me consta que el artículo está dirigido más bien al público estadounidense, pero no está de más recordar que la anorexia, la bulimia y otros desórdenes del comportamiento relacionados con la percepción del aspecto físico, son una posibilidad muy real con la que quizás tengamos que lidiar en el futuro.

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