Curquejadas 2.0

por adastra

En mi familia usamos el término «curquejada» para referirnos a una burrada proferida por mi señor padre, cuyo apellido materno es Curquejo. Cuando la gente me pregunta por el maravilloso don que tengo para proferir cosas extremadamente soeces con gracia y estilo les digo que me viene de familia. Tome esta información, agítela y reserve.

Hoy estaba desayunando una cantidad anormalmente grande de comida (estoy en mi ciclo psicótico) y me di cuenta de que, en el comercio en el que estábamos desayunando, tenían pegados los típicos códigos QR para que la gente pudiera capturar la dirección de la página de Facebook del establecimiento.

Verán, si alguien intentara discernir la maldad o bondad intrínseca de un martillo, la respuesta inevitable sería «el martillo es neutro», y está bien que sea así. En un momento dado puedes estar reventándote un testículo con el martillo (malo) y al siguiente (si es que te queda tino DIOS QUÉ DOLOR) puedes estar clavando una tacha en un tablón que formará parte de un orfanato para japonesitas descarriadas (bueno). Es decir, las herramientas, herramientas son, y lo que es malo o bueno es el uso que hagas de ellas.

Pero eso es como decir que la hierba medra en los prados.

Volviendo a nuestro código QR, utilizarlo para publicitar una página de Facebook me parece darle un uso totalmente maligno y degenerado, porque como todos sabemos, Facebook es el MAL.

Ya puestos, si vamos a darle usos auténticamente malignos, ¿por qué no regar la ciudad de insultos creativos con códigos QR, a lo Bansky? Y de ahí a imaginar unas cuantas curquejadas convertidas en códigos QR, no hay más que un puto pequeño paso.

Yo empezaría con estas:

Curquejada #1

Curquejada #1

Curquejada #2

Curquejada #2

Curquejada #3

Curquejada #3

Anuncios