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Bifurcado recursivamente desde 1974

Mes: agosto, 2013

Hasta la caquita tiene escalas

En la Comunidad del Membrillo™ tenemos una serie de chistes recurrentes, y además tenemos metachistes recurrentes sobre los chistes recurrentes, lo cual hace que seamos un conjunto de bastardos de lo más raro. Pero ya lo cuento otro día si eso.

Uno de nuestros chistes recurrentes sirve para nombrar cualquier comida que sea decididamente inapropiada. Y no digo repugnante, digo inapropiada. Comer, no sé, culo de jugador de fútbol semicongelado à la Supervivientes no es repugnante, pero es inaceptable (no me vengan con un debate sobre no tener nada que comer, por favor, que estoy intentando desarrollar una idea y esto requiere tomar atajos mentales).

A tales manjares los llamamos Soylent Green.

El nombre en cuestión viene de una película homónima, protagonizada por el antiguo presidente de la Asociación Nacional del Rifle, más vieja que la raña, que enlazo, basada en la novela Make room! Make room! de Harry Harrison (¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! en español). Y si no han visto la película, tampoco les voy a destripar lo que es el Soylent Green.

Cuál no sería mi sorpresa cuando me he encontrado, vagabundeando por la red, con que tal producto existe.

El otro día llegué a una curiosa historia en Ars Technica, en la que contaban que Lee Hutchinson, uno de los redactores, iba a vivir durante 5 días comiendo solamente esa porquería tal producto.

Por lo que he leído, el Soylent es una especie de… No sé cómo llamarlo… ¿Comida en polvo? ¿Todo lo que puedes necesitar para tus necesidades alimenticias dentro de una bolsa? Se supone que cada bolsa de Soylent es suficiente para aportar 2400 kilocalorías diarias (en todos lados pone calorías, pero me da que se refieren a kilocalorías). Una comida perfecta, que no necesita ser cocinada, reduce el impacto ambiental, etc. Y el nombre tiene cachondeo, si ven la película de marras.

Llámenme retrógrado, pero donde esté un buen filete…

Pues bien, el pobre Lee lleva dos días (uno y dos) consumiendo Soylent Green (bueno, sí, Green, porque a Lee también le gusta el cachondeo, como verán en el día 2).

Lo de «pobre Lee» no era gratuito. El hombre tiene dos serios problemas:

  1. Se le están quitando las ganas de comer absolutamente nada más en lo que le resta de vida.
  2. Está empezando a parecerse a mi hermano, en lo que a producción de metano se refiere.

Y sólo lleva dos días. Estoy enganchado a esta historia como si de un serial venezolano de mala muerte se tratase. Creo que en algún lugar se están haciendo apuestas acerca de si Lee reventará o se transfigurará en un ser superior. Yo apuesto porque pasará lo primero y después lo segundo.

Ah, y lo más enriquecedor de la historia es la escala de heces de Bristol. ¡Ya puedo clasificar mi caquita y la de los niños! Nunca más podré hacer aguas mayores sin que mi cerebro se dispare automáticamente clasificando la deposición según esta escala.

GRACIAS.

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Avisos sutiles

O no tan sutiles.

Los que me siguen en ese nido de marujas que es Facebook habrán visto que inicié una simulación de copia de seguridad entre mis dos discos duros de fotos (dos Western Digital externos idénticos de 750 GB), y la simulación se pegó 17 horas.

Sí, 17 horas.

Imaginen mi sudor frío cuando inicié la copia de seguridad de verdad. Medio esperaba ver el sol convertirse antes en nova.

Pues la copia se pegó 23 horas.

Verán, uno es perro viejo en estas lides, y sí, vale, son un montón de GB y un montón de ficheros (casi 160.000), pero, ¿casi un día? No way.

Claro que luego miras el log y entonces es cuando pides que te traigan un pañal y toallitas, porque te has cagado encima al ver que hay un buen número de fotos (antiguas, por fortuna), que han presentado errores de CRC al intentar trasvasarlas desde Astinus (el disco duro primario) a Gilean (el disco duro secundario).

Mentiría si les dijera que congelé la actividad de mis discos duros, porque ayer me puse a publicar algunas, aparentemente sin problemas. Pero cuando intenté recuperar una foto de uno de mis catálogos antiguos y me di cuenta de que el Lightroom se pegaba sus buenos cinco minutos cargando un set del catálogo, decidí parar los discos duros con efecto inmediato.

A menos que haya sucedido una pifia catastrófica, las fotos están perfectamente en el disco duro secundario (lo comprobé, de todas formas), así que no he perdido nada. Pero no he logrado conservar mis fotos todos estos años siendo descuidado, así que mi plan inmediato es claro: comprarme dos discos duros externos nuevos (de tera o tera y medio), hacer una copia en ambos desde el disco duro secundario (esto es importante, porque no sé lo jodido que está el primario), y después ya veremos lo que pasa con los discos duros que tengo actualmente.

Esto va a suponer un buen hachazo para mi economía, aunque los discos duros están baratos, pero no me queda más remedio. Y justo cuando estoy cogiendo carrerilla con esto de las fotos, me cago en todo…

El siguiente peinado de Claudia

Gracias a mi amigo erGuiri, ya tengo algo en lo que entretenerme el sábado por la mañana mientras intento desprender las legañas de mis ojos, legañas motivadas por el hecho de que Claudia suele considerar que «ya es de día» a horas tales como las 5 de la mañana. Voy a hacerle el peinado de Daenerys Targaryen:

El peinado de Daenerys Targaryen

El peinado de Daenerys Targaryen

Voy a citar al antedicho:

Imagina… Entra colega macho y te ve haciéndole trenza a la nena… Jajajaj se ríe… Jajajja… ¡¡¡Mariconazo!!! Y le contestas… ¡No! Es el peinado de DaenerysTargaryen… Se calla la boca… RESPECT

Si tienen huevos, inténtenlo con el de Melisandre.

¡Pinta conmigo!
It's good to be king
Aprendiendo a mirar con otros ojos porque ciego y perdido estaba

Last Night Coursera Saved My Life

No recuerdo cómo llegué a conocer Coursera y EdX. Me parece que fue una anotación en Microsiervos o algo así. Ambas páginas son plataformas de educación on line, y tienen un montón de cursos sobre muy diversas materias.

La cuestión es que, como tantas otras cosas (tendrían que ver mi lista de lecturas pendientes en Pocket), dejé esas páginas en barbecho, hasta otra ocasión más propicia para ver con detenimiento de qué iban.

Sin embargo, hay ocasiones en las que, de repente, los sucesos se desencadenan, y no sabes muy bien por qué. Por allá por febrero me dio por mandar a la Comunidad del Membrillo™ un correo en el que mencionaba Coursera y EdX, y de repente, el Doctor Pi, la Agente Naranja y un servidor de ustedes, nos encontramos apuntados al curso Games Without Chance: Combinatorial Game Theory, impartido por el profesor Tom Morley, del Instituto Tecnológico de Georgia.

En cierto modo tuvimos suerte con nuestra elección. El curso es bastante ligero (y el profe está como una puñetera cabra, todo hay que decirlo ×D), así que como la dedicación necesaria no era muy grande, pudimos sacar el curso sin problemas. Si hubiésemos cogido otros cursos más peludos, quizás nos hubiésemos espantado con la dedicación que requerían.

Porque no vayan ustedes a creer que estos son cursitos de verte un par de vídeos, contestar un par de chorradas y a cagar. No, no. Ni de coña.

A partir de ese punto, los tres nos hemos dedicado a apuntarnos a otros cursos de la plataforma. En particular, yo completé el curso Cryptography I, impartido por el profesor Dan Boneh, de la Universidad de Stanford. Ahí tuve que sudar. Yo calculo que cada semana me fundía del orden de 10 a 12 horas con los contenidos del curso. A veces más, según lo atravesados que fueran los conceptos. Eso sí, el curso estaba cojonudo, y aprendí muchas cosas.

Posteriormente me apunté al curso Introduction to Systematic Program Design – Part 1, impartido por el profesor Greg Kiczales, de la Universidad de la Columbia Británica. El curso empezó facilito, pero en la cuarta semana la cosa empezó a ponerse complicada, y el problema era que, al contrario que en los otros cursos, tenías que sacar los ejercicios adelante cada semana (en los otros tienes tres semanas para acabarlos, aunque cada semana salen vídeos con contenidos nuevos). En la cuarta semana me vi intentando acabar todos los ejercicios y calculando que me darían como mínimo las 6 de la mañana, sin garantías de poder acabarlos (ni aprender nada) y teniendo que llevar a los niños al cole/guardería. Así que decidí dejarlo, en espera de la siguiente iteración… Que empieza este 4 de septiembre, y a la que estoy apuntado.

Ahora mismo estoy haciendo el curso Coding the Matrix: Linear Algebra through Computer Science Applications, que está a punto de terminar. Gracias a este curso estoy refrescando mis conocimientos de álgebra lineal, y encima estoy aprendiendo Python.

Si hay una cosa buena que tienen estas plataformas, es que te vas haciendo tu curriculum a tu ritmo, porque los cursos se repiten de forma periódica. En mi horizonte cercano está este que les he mencionado y Cryptography II, impartido también por Dan Boneh, que empieza el 15 de octubre. Después ya veremos. Porque voy necesitando un descanso 😛

Me apunté a estos cursos más por tener la mente ocupada que por otra cosa. Las circunstancias que han rodeado mi vida de un tiempo a esta parte hacían que quisiera estar entretenido con algo, y en lugar de estar jugando a videojuegos (y antes de que nadie diga nada, nihil obstat a eso), prefería algo que me exigiera algo de autodisciplina y me permitiera evadirme. Como digo medio en broma, al final mi MMORPG ha acabado siendo Coursera. A mí me resulta más gratificante que el WoW ×D

Ah, sepan que voy a hacer eventualmente el curso Quantum Mechanics and Quantum Computation, impartido por Umesh V. Vazirani, de la Universidad de Berkeley.

O no lo haré.

Killing monsters

Yo afilé los dientes con dragones. Dragones rojos, verdes, azules, blancos y negros. Dragones dorados, plateados y broncíneos.

Si perteneces a cierto subconjunto de entidades con base de carbono, estos colores habrán hecho que salte un «¡CLIC!» en tu mente. Porque me estoy refiriendo, cómo no, a la saga Dragonlance, y más concretamente a sus dos sagas centrales: Crónicas y Leyendas.

Aunque en realidad no es que me vaya a poner a hablarles de estos libros. Hoy no. Los menciono en realidad a efectos comparativos. Verán, uno ha leído mucha fantasía épica, y algunos libros varias veces… O nueve, como buen tolkiendili que soy. Guardo en mi memoria con cariño los libros de la Dragonlance, porque aunque sean literatura, um, juvenil, incluso con el paso del tiempo (o precisamente por eso), me parecen literatura más madura que muchos libros del género escritos en la actualidad.

Y eso que son dragonadas. Y dragonadas he leído muchas. Y no voy a hablar tampoco de los infectos libros que he leído de Dennis L. McKiernan, no sea que empiece a echar espuma por la boca. Eso también lo dejo para otro día.

Con el paso del tiempo he ido gravitando a mi segundo gran amor literario (o debería decir el primero, en justicia y por orden de aparición), que es la ciencia ficción. La ciencia ficción ofrece un campo mucho más amplio para la especulación, para la sorpresa, para la reflexión. La fantasía épica no da tanto juego.

Y sin embargo, hay joyas dentro del género, joyas que son diferentes por derecho propio, precisamente porque se centran en algo que ofrece muchas posibilidades: el comportamiento humano. La mayoría de las dragonadas que he leído se limitan al cliché héroe solitario/grupo de héroes contra entidad mala, malísima de la hostia. En la definición de «maniqueísmo» deberían aparecer muchos de estos libros.

Pero eso dejó de ser así cuando gente como George R. R. Martin empezó a cargarse alegremente a protagonistas principales, y a diluir las fronteras entre el personaje legal bueno y el caótico malvado. Porque no me dirán que Tyrion Lannister no es un hijo de puta de primera. Pero es un hijo de puta entrañable.

Hay otra característica que suelen compartir los libros de fantasía épica, y son sus raíces celtas. Casi todos estos libros se nutren del folclore celta en forma de hadas, dragones, trasgos, elfos y demás criaturas. Se me ocurren dos deliciosas excepciones, como son Tigana, de Guy Gavriel Kay (si no lo han leído, están tardando), y la saga de La roca del adiós de Tad Williams (y de paso se hacen un favor y leen La canción de cazarrabo, del mismo autor).

Vamos, que a poco que te esfuerces, encuentras libros de fantasía épica que se apartan del canon «tolkeniano», y que te saben a gloria.

Venga, que muchos de ustedes tienen el culo prieto esperando a que nombre al brujer ×DDD ¿Verdad?

Pues sí, y ahí quería yo llegar, y precisamente por eso nombré las raíces celtas de la mayor parte del corpus de fantasía épica que se haya escrito alguna vez. Yo no conozco otros ejemplos (mentira, ahora que lo pienso: lean la saga El lobo de piedra, de Wolfgang Hohlbein, BUENÍSIMA), pero el de la saga de Geralt de Rivia, escritos por Andrzej Sapkowski (parafraseando a un colega mío, siento un intenso deseo carnal hacia mí mismo por ser capaz de escribir el nombre de ese autor sin mirar en la Wikipedia), es paradigmático.

Tomen un conjunto de leyendas centroeuropeas, donde Baba Yaga era alguien de quien acojonarse (y mucho), más te valía poner 200 kilómetros entre tú y una lamia, y el conjunto de horrores pergeñado por el vulgo eslavo no parecía tener fin. Porque otra cosa no, pero la cantidad de bichos con mala hostia que pululan por el universo de Geralt de Rivia deja en mantillas a cualquier orco, trasgo o hobgoblin.

Yo me he leído todos los libros de Geralt en un rage que no paró hasta que no me los compré todos y los devoré, uno detrás de otro. Si no le cogen cariño al brujer, es que no tienen sangre en las venas.

Y como no quiero dejarles con un torrente interminable de palabras (y si han llegado aquí, ya tiene mérito la cosa), dentro vídeo. Es el trailer del tercer juego basado en el personaje de Geralt de Rivia, The Witcher 3: Wild Hunt. A mí se me ha puesto como el Ti22 viendo el vídeo.

PS Si se sienten especialmente masoquistas (como yo anoche, que estuve tragándome el hilo de comentarios hasta las 0:30), echen un vistazo a esta historia de los imprescindibles GamesAjare, donde vi el vídeo.

Pérdida de dominio

Y no me estoy refiriendo a que de repente haya perdido el dominio de mis esfínteres, que oye, podría pasar, pero no y además tampoco.

Me estoy refiriendo concretamente a mi viejo dominio, adastrafork.com.

Verán, hace un tiempo, por motivos que no vienen al caso, trasladé los contenidos de mi anterior blog a esta plataforma. Iba a deshacerme del dominio, y no quería que todo lo que había escrito allí se fuera por el retrete digital. Nunca me preocupé de saber qué le había pasado al dominio. Técnicamente, al quedar libre, cualquiera podía reclamarlo.

Lo que no me esperaba era esto:

adastrafork.com prostituido

adastrafork.com prostituido

De todas formas, supongo que no resulta tan sorprendente que haya empresas cuya razón de ser sea reclamar dominios que hayan expirado para ponerlos a la venta, a ver si sus antiguos dueños pican (o cualquiera con ganas de hincarle el diente al dominio, para el caso).

Digo esto porque me estaba rondando la cabeza recuperar el dominio y ponerlo en un hosting gratuito para recuperar el control de mis contenidos. Porque, por mucho que me guste WordPress.com, hay cosas que no puedo hacer, como instalar un plugin de Markdown para escribir las historias del blog igual que escribo los correos.

Así pues, me veo en la tesitura de inventarme un nuevo nombre de dominio, porque está claro que a esos tipos les va a pagar su puta madre. De todas formas, no viene nada mal, por aquel famoso dicho que reza así: «renovarse o que te hagan un Marcelus Wallace».

Acepto gustoso sugerencias 😛

Paladeando frases

¿Saben esa sensación que tienes cuando estás masticando un buen trozo de ternera de Kobe, dando vueltas al bolo de carne, sacando su jugo, evitando tragártelo para alargar el momento?

Bueno, yo no. A fin de cuentas nunca he comido ternera de Kobe. El añojo de ternera que compro en el Spar tendrá que bastar.

Llevo todo el día con una frase en la cabeza que quiero sacar de dentro antes de que se infecte y reviente como un grano lleno de rica pus, pero no encuentro ningún contexto apropiado para hacerlo. Así puestos, he pensado que bien podría sacar la frase sin contexto. Ya ustedes la ponen en situación si eso.

Va.

Escuchar a Morgan Freeman con doblaje supone perderse un vozarrón que te pone tan cachondo que te entran ganas de tener inmediatamente 40 centímetros de negro dentro de ti, aunque sea viejo y tenga manchas en la cara.

Es que andaba yo pensando en argumentos para convencer a la gente de que vea las películas y series en versión original, y me salió eso.

No hay de qué.