Esos denostados templos del saber

por adastra

Ayer estaba hablando con una amiga acerca de la mejor forma de inculcar el hábito de la lectura en los niños. Y antes de continuar, tengo que hacer un doble disclaimer, o como debería decirse en español, expreso mi limitación de responsabilidad.

  1. Nunca he pisado una biblioteca pública excepto para estudiar. Es decir, no he sacado nunca un libro en préstamo de una biblioteca pública.
  2. Mi pasión por la lectura se desarrolló de una forma un tanto tardía, a eso de los 14 años, más o menos.

Dicho esto, prosigo. Esta amiga me comentó, de repente, que este fin de semana iba a inscribirse en una de las bibliotecas públicas que le quedan cerca de su casa, con los niños.

Me quedé electrizado y con ganas de meterme un double facepalm por no haber pensando antes en eso. Pero todo tiene su explicación.

Siempre he sido un consumidor ávido de información, así que el segundo punto de mi limitación de responsabilidad es un poco tramposo, porque en él me refiero a novelas. En realidad yo leía toneladas de libros desde pequeño, solo que eran enciclopedias que compraban mis padres (así salí de repelente). Es decir, tuve la inmensa suerte, gracias a mis padres, de disponer de acceso prácticamente ilimitado a conocimientos que normalmente no hubiera adquirido a mi edad ni de coña. Nunca podré estarles lo suficientemente agradecido por ello.

Quizás eso explique que no haya pisado una biblioteca pública en mi vida para consultar un libro. Claro que, ustedes podrían pensar «¿y para qué quieres ir a una biblioteca teniendo internet?».

En mi opinión, eso es como preguntar para qué quieres un restaurante de vela y mantel teniendo McDonald’s.

Internet es la fuente de información más potente que existe, pero como dijo alguien, un gran poder implica una gran responsabilidad. Cuando das saltos por ahí en la red tienes que tener el sentido crítico muy afilado para que no te la metan doblada. La capacidad de filtrar información es tan importante como la capacidad para encontrarla entre tanta mierda.

Pero no creo que a nadie se le ocurra que internet, en sí, pueda despertar el mismo respeto reverencial que ofrece una biblioteca, silenciosa y llena de libros.

Tú acudes a internet cuando quieres información pero ya. Es tremendamente fácil encontrar, pero no tan fácil discernir el grano de la paja.

Tú acudes a una biblioteca sin prisas, porque vas a buscar algo raro, difícil de encontrar, profundo.

¿Eso quiere decir que ambos extremos son opuestos? Mire, no. En realidad no se trata de un debate «internet sí/no, bibliotecas no/sí». Se trata más bien de que, si quieres inculcar a tus hijos un cierto sentido de la maravilla, del peso de la historia, de lo que pueden hacer un puñado de letras puesto uno detrás de otro por personas que llevan muertas mucho, pero que mucho tiempo, no lo haces a través de internet. Lo haces, como diría Rinzewind, a través de esos trastos con lomo.

De libros.

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