A veces la nostalgia puede salir un pelín cara

por adastra

Algún día de estos les hablaré de mis impresiones sobre el tiempo que estuve jugando al World of Warcraft, que tampoco fue tanto tiempo en realidad. Siempre fui un jodido casual con pocas horas de juego a sus espaldas. Supongo que eso fue lo que me salvó el orto.

Mis andanzas con el susodicho juego comenzaron en diciembre de 2005, como conté en su momento, y acabaron en algún difuso momento de este año, si no me engaña la memoria. Tampoco es que lo celebrara, vamos.

Vamos a suponer, por un momento, que se dan las siguientes condiciones:

  1. Les sobra el dinero.
  2. Son unos enfermos del copón.
  3. Sufren ataques de nostalgia peores que una cagalera a pleno sol durante una caminata inducida por exceso de ingesta de albaricoques confitados.
  4. Quieren montar un servidor de WoW, pero quieren hacerlo a lo grande.

Pues da la casualidad de que los astros se han alineado para que, si cumple usted las condiciones anteriores, pueda dar salida a sus oscuras pulsiones, tarjeta de crédito en mano.

Porque, ¿quién no querría tener una placa de servidor original de World of Warcraft en su casa?

Placa madre original de servidor de WoW

Esta mierda es HISTORIA, hamijos

Mi amigo Óliver ha prometido que se comprará una para ponerla en una burbuja de metacrilato en la casa. Luego el clan de los orcos al que pertenecemos se reunirá al completo para rendir abyecta adoración, ofreciendo libaciones de abundante cerveza y ofrendas a base de hamburguesas metacalóricas.

Eso sí, los gastos de envío son un pelín salados. Pero piensen que todos los beneficios van al St. Jude Children’s Research Hospital, si eso les ayuda a descargar su conciencia xD

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