adastra.fork ( );

Bifurcado recursivamente desde 1974

Etiqueta: Reflexiones

Cross mindfuck

Fragmento de una conversación entre mi estimado compañero y no obstante amigo erGuiri y yo.

  • erGuiri: ほんとか
  • adastra: En el Pidgin no se pueden ver caracteres Unicode xDDDDDDD
  • adastra: O mejor dicho, no se pueden ver caracteres Unicode que no sean del juego ASCII.
  • erGuiri: square square square
  • erGuiri: square square
  • erGuiri: xDDD
  • adastra: Square-with-zeros-within
  • adastra: xDDDDDD
  • erGuiri: pidgin is therefore a piece of shit
  • erGuiri: pigeon shit
  • adastra: Pigeon Sith!
  • erGuiri: it could use UTF8
  • erGuiri: Sith Pidgeon!!!
  • adastra: ¡Como la de Tesla!
  • erGuiri: sí
  • erGuiri: xDDD
  • adastra: xDDDDDDDD
  • erGuiri: Dark side Pigeon
  • adastra: «El reverso tenebroso de la paloma»
  • adastra: Suena chungo.
  • erGuiri: me pregunto si Tesla era el maestro o el discípulo
  • adastra: Era el maestro. Murió batshit insane.
  • erGuiri: la paloma era la maestra
  • adastra: Y la paloma sobrevivió.
  • adastra: Rule of two
  • erGuiri: sí

Este es el motivo por el que cuando él y yo hablamos, no nos entiende ni dios. Nos tiramos a la cara tantas referencias cruzadas que si alguien nos escucha de refilón piensa sobre la marcha que deberíamos ir a hacerle compañía a Nikola Tesla y su paloma láser.

PS Por si se les escapa la referencia por ahí en medio, lean la tira de Oatmeal referida a Tesla, porque no tiene desperdicio.

PPS En realidad la historia no es más que una podrida excusa para poner en enlace a la tira, que me estaba rondando por la cabeza desde hace un par de días.

Cada época de mi vida tiene su melodía

Yo de melómano tengo más bien poco. O, mejor dicho, cuando me da el punto, escucho música sin parar, pero pasado cierto punto, mis compulsiones musicales decaen a un ritmo:

Decay rate

Lo que suele pasarme es que hay canciones que se me quedan clavadas según el momento de mi vida en que aparezcan. Pueden ser de cualquier tipo, como la melodía de mis momentos oscuros de la que les hablé hace algunos meses.

Algunas de esas melodías son Every Little Step, de Bobby Brown, Words, de The Christians o Diez minutos, de Efecto Mariposa.

Hace un par de años que vengo atravesando una serie de procesos vitales, a cual más bestia. Por suerte, cada uno de esos procesos me enseña algo útil. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, así que…

La última melodía que tengo en mi cabeza es The Streets of Whiterun, parte de la banda sonora de The Elder Scrolls V: Skyrim. He escuchado hasta la saciedad esa melodía en un momento de transición, y ahora sigo escuchándola, de forma agridulce (y no, no me he untado de salsa, que les veo venir).

¿Cuáles son las melodías que ustedes recuerdan de forma especial? Me vale que las recuerden con rage, que también tiene su aquello ×D

La melodía de mis momentos oscuros

Hace un montón de tiempo (8 años ya, que se dice pronto), les comentaba lo que pasa cuando mi cerebro entra en estado de libre asociación de ideas y se pone a masticar una canción o una idea de forma obsesiva.

Pues en estos días he hecho otro descubrimiento. De hecho, me he dado cuenta cuando estaba lavándome los dientes en el baño, lo cual quizás dé para otra entrada en la que explique cómo la vibración del cepillo sobre mis dientes entra en fase con las ondas alfa de mi cerebro, facilitando la producción de mierda ideas felices. O algo así. Tendré que darle vueltas al asunto.

Thing is, andaba yo lavándome los dientes, como digo, cuando de repente me quedé mirando fijamente mi imagen en el espejo (mentira; uso la frase como recurso estilístico). Porque en ese momento me di cuenta de que llevo tres días con la misma melodía en la cabeza… Pero no sólo eso, sino que, para más IESVS NAZARENVS REX IVDÆORVM, me di cuenta de que esa misma canción suena en mi cabeza bajo unas circunstancias muy concretas.

La melodía en cuestión es Time, de Hans Zimmer, y forma parte de la banda sonora de Inception.

Los momentos en los que suena en mi cabeza son mis momentos oscuros. Aquellos momentos en los que ((y2 - y1) / (x2 - x1) >> 0).

A trepar tocan. Otra vez.

 

Escribí mis dos últimas historias en febrero de este año. Y antes de eso, en noviembre del año pasado.

No se puede decir que me haya prodigado.

Créanme, ahora mismo, en este preciso momento, de lo último que tengo ganas es de escribir. Pero lo hago porque, al igual que me pasó allá por el 2005, cuando inauguré la primera iteración de este blog, creo firmemente que aventar mis telarañas mentales es un buen remedio para mejorar mi maltrecho estado de ánimo.

Sometimes, everything is wrong.

Hay muchos motivos por los que no he escrito de forma regular desde hace mucho tiempo. El primero y más importante es que he tenido la cabeza constantemente centrada en asuntos personales, y eso no ha dejado ciclos de mi CPU para nada más. El segundo motivo, más sutil, tiene que ver con la dignidad.

Digamos que no me he considerado digno de soltar por aquí unas líneas. Cada vez que lo intentaba pensaba «¿pero qué coño vas a contar?», y sentía que no tenía derecho a escribir sobre mis cuitas para que la gente me diera palmaditas en la espalda.

Pero recapitulemos, que tampoco es cuestión de escribir el guión del próximo drama de la BBC.

Los que me conocen saben que mi vida ha cambiado radicalmente en el último año y medio, give or take. El estado en que me encuentro actualmente es, en buena medida, fruto de mis propias decisiones, así que, como suele decirse, las quejas al maestro armero. Para los que sientan curiosidad, me he separado, y estoy viviendo solo, con los niños cuando me toca tenerlos.

Por otro lado, tanto Noli como yo somos padres responsables, o al menos lo intentamos, y hemos intentado en la medida de lo posible que nuestros hijos sufran lo menos posible el impacto de lo que ha sucedido. Además, veo a los peques con mucha frecuencia, aproximadamente 12 días al mes, lo cual es para mí el mejor bálsamo posible.

Hay muchas cosas a las que tengo que acostumbrarme. Y estoy muy, pero muy lejos de ser el Pablo que algún día fui. Pero no lo digo porque tenga una necesidad acuciante de ponerme como una plañidera. Los hechos son los que son. Deal with it.

Es curioso, desde que empecé a escribir esta historia, me siento mucho mejor. Memoria muscular, sospecho 😛

No prometo regularidad de publicación, más que nada porque a) ustedes saben que esto no funciona así, y b) ¿cuándo puñetas he sido yo regular escribiendo en el blog? Bueno, quizás por allá por el 2006, pero desde ese entonces me han salido unas cuántas canas (que no se ven).

Es hora de retomar algunas viejas costumbres. Here we go!

PS Con la debacle de Google Reader, a saber si alguien sigue teniéndome agregado en su lector de RSS ×D

Compulsory writing

He leído muchas veces en los hinternecs que, cuando escribes un blog personal, si no tienes ganas realmente de escribir, no lo hagas. Es decir, si escribes para ganarte unos duros, pues vale, no te queda otra. O si escribes para un blog coral donde se espera que contribuyas (aunque en tales casos, la frontera entre placer y deber se diluye bastante). Pero si tu blog es netamente personal, sólo deberías escribir cuando quisieras, y ni un segundo antes.

Solo que eso no siempre se cumple.

Si tu blog actúa como válvula de escape, como medio para no volverte majareta, como vía de salida para intentar que tu cerebro no siga mandándote señales de catástrofe inminente, no sólo es lícito, sino también deseable escribir aunque no tengas ganas. Escribir como si te fuera la vida en ello. Porque ello te fuerza a pensar en otras cosas. A centrarte. A no permitir que te rindas. A perseverar. A recordarte a ti mismo lo que quieres, a dónde quieres llegar.

Es por ello que sigo aquí. Es por ello que cada comentario que dejan ustedes es una pequeña perla, porque un blog no es nada sin los comentarios de sus lectores. Es por ello que espero poder continuar.

Y es por ello que les doy las gracias, a todos los que no me borraron de su lector de feeds y a los que entraban un día sí y otro también en el blog a ver si había escrito algo.

Son la hostia ustedes.

self.Rebuild ( );

Anoche estaba hablando con una amiga, contándole mis cuitas, y utilicé el verbo «reconstruir» refiriéndome a mi vida. Eso le hizo gracia porque ella dice que también lo utiliza, pero que la gente suele corregirla porque dicen que uno no rehace ni reconstruye su vida, sino que continúa con ella.

Y una mierda brillante y lustrosa recién defecada.

Si nos ponemos técnicos, en efecto, la vida sigue, porque la flecha del tiempo esa de la que nos hablaba Stephen Hawking no se detiene, excepto a nivel cuántico, supongo, así que, pase lo que pase, tu vida sigue adelante. Pero hay vidas, y hay vidas.

Hay momentos en los que eliges salirte de la senda que llevas siguiendo toda tu vida para tomar por vericuetos llenos de piedras, por caminos de cabras donde haber, lo que se dice haber, hay de todo, menos seguridad.

Y hay ocasiones en las que en esos caminos de cabras te caes y te das un hostiazo tan grande que crees que no vas a poder salir jamás del hoyo, hasta que te das cuenta de que hay un montón de manos dispuestas a tirar de ti para sacarte de ahí. Manos amigas.

Así que no, yo no hablo de continuar con tu vida de forma diferente, porque la vida de cada cual no es una sucesión de momentos lineales. Es un constante proceso de elección entre múltiples ramificaciones, contando con apenas datos para tomar cada decisión en cada momento, guiándote por lo que tienes a mano, que no suele ser mucho. Y si te caes, vas hacia abajo, y eso normalmente es en sentido perpendicular a como ibas antes. La geometría euclídea está ahí para darme la razón.

Trepemos.

Mi peor momento del día

Hay gente que cuando se despierta por la mañana lo hace lentamente. Son el equivalente de un ordenador antiguo, en el que tenías tiempo de tomarte un café antes de ver el escritorio de tu sistema operativo. Sus pensamientos discurren como melaza, inconexos, y son vagamente conscientes de lo que les rodea.

Mi hija Claudia es de ese tipo. Ya se imaginarán las dificultades que tengo para que se levante a la hora de ir al cole xD

Otros, sin embargo, somos rápidos a la hora de despertarnos. Suena el despertador y abrimos los ojos, pasando sin solución de continuidad a un estado en el que el cerebro está funcionando a toda máquina (el equivalente tecnológico sería la puesta en marcha de un tablet).

Como he dicho «somos», supongo que no hace falta que aclare que yo soy de ese tipo.

No sé si considerar ese rasgo una bendición o una maldición. Supongo que es bueno porque enseguida estás en marcha con las tareas del día. Pero por otro lado, desde el primer segundo tienes el cerebro funcionando, y eso agota. Sobre todo cuando los primeros pensamientos que sueles tener son bastante cenizos.

Y es que me pasa siempre… Me acuesto por la noche lleno de resolución, y me levanto por la mañana como si por la noche hubieran llegado unos duendes y se hubieran llevado mi determinación y mi energía. Hijos de puta, como los trinque los emasculo con los dientes. En las épocas en las que estoy de capa caída, no falla.

Ya sé que últimamente estoy muy preguntón, pero qué coño… Humor me. ¿De qué forma se levantan ustedes por la mañana? Y por favor, ahórrenme los detalles escabrosos xD

Cuando me deslizo por las pendientes de mi cerebro

Uno tiene días y días. Llevo como cosa de un par de semanas en las que, por un motivo u otro, mi cerebro no sirve ni como alimento a generadores de Matrix. Buena parte del problema viene por el inicio del curso escolar, aparte de otras actividades a las que tenemos que llevar a Claudia de forma obligatoria, lo cual no nos deja, literalmente, tiempo para nada. Y no estoy usando una figura retórica, créanme.

El caso es que cada persona tiene una forma particular de defenderse de esos ataques de realidad. No sé ustedes, pero en mi caso, cuanto más jodido estoy, más me encierro en mí mismo, en una concha recubierta de silicio y llena de ceros y unos.

Yo tengo temporadas en las que lo único de lo que tengo ganas es de ponerme a ver una película o una serie, pero en el fondo, acabo sintiéndome mal, porque las actividades pasivas no son lo mío. Sin embargo, tengo otras épocas en las que me da por embarcarme en mil y un proyectos. Llevo un tiempo así, escribiendo como un loco y haciendo mil y una filigranas en los ordenadores de casa. Ahora mismo estoy escribiendo dos artículos técnicos, programando una aplicación e instalando y configurando herramientas en mi servidor.

Y claro, dirán ustedes que de dónde coño saco el tiempo. Mírenme la cara por las mañanas cuando llego al trabajo y tendrán la respuesta.

Estas fases van y vienen, bien que lo sé. Pero no deja de resultarme curioso que la forma que tengo de defenderme de la falta de tiempo y de otros problemas sea, precisamente, embarcándome en actividades que me quitan aún más tiempo.

Septiembre

Septiembre es un mes cargado de posibilidades.

Los que tenemos hijos pasamos la leve estupidización de agosto (sobre todo porque en muchos casos no te queda más remedio que coger las vacaciones en ese mes) al vórtice frenético del inicio del curso escolar, que consume todas tus energías. Eso sí, la niña encantada, gracias. Había que verla dando botes con las amiguitas el día de la presentación.

En cierta ocasión leí que septiembre es el mes más cálido en España, aunque no he encontrado datos que lo corroboren. Sin embargo, tengo la impresión de que hay una cierta tendencia, por lo menos en Canarias, a sufrir una calima detrás de otra durante los meses de septiembre y octubre.

Digo esto porque, cuando llega el 1 de septiembre, mucha gente parece creer que el tiempo cambiará por arte de birlibirloque, adentrándonos en el otoño sin posibilidad de vuelta atrás. La semana pasada estábamos friéndonos a fuego lento, y eso no es nada para lo que se espera.

Yo reconozco que, cuando llega septiembre, deseo que el calor quede atrás. Cuando no tenía hijos mi estación favorita del año era el invierno. Siempre he disfrutado como un enano tapándome con cuatro mantas y pasando frío. Pero claro, luego tienes hijos y dentro de tu fraseología entran términos como proceso catarral de vías altas, bronquitis, laringitis, otitis y otras itis de carácter igual de puñetero.

Con lo cual, en lugar de gustarte el invierno, lo acabas odiando, porque se convierte en la estación en la que te pasas todo el rato metido en casa porque tienes a los niños malos.

Pero, ¡albricias!, alegren sus corazones porque Claudia, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en un pequeño tanque (nada que ver con sus tres primeros años de vida), y Gabi no se pone enfermo ni con tanta frecuencia, ni con tanta intensidad. Todavía hay esperanza, y que le den por el culo a Obi-Wan Kenobi.

Esta mañana, cuando venía a trabajar con un dolor de cabeza que hubiera hecho las delicias de Mike Dawson, he mirado al cielo y he pensado «es correcto». Mentalmente he puesto el Fucking Bald Seal of Approval, porque en Las Palmas hace fresquito y el cielo está completamente encapotado.

Septiembre está cargado de fotos y de historias. Permanezcan atentos a su correo y lector favorito de feeds.

Casi un año ya

Agosto quedó atrás. Casi todo el mundo habla de lo raro que ha sido este verano, con temperaturas impropias de la época del año. Yo, por lo bajini, temo las calimas bestiales que nos azotarán durante este mes y el que viene. Y espero equivocarme.

Pero no es del tiempo, esa banalidad que sirve como tema de conversación neutral (no se me ocurre que nadie se ofenda porque opines que va a llover), de lo que he venido a hablar aquí. De mi libro tampoco, que todavía no está terminado.

He venido a hablar de Gabriel 🙂 Y de Claudia, claro, porque el uno no se entiende sin el otro. ¿Recuerdan?

Creo que fue pjorge el que dijo en su blog una vez que tras el nacimiento de su hija parecía que alguien hubiera tascado el freno, porque de repente todo iba mucho más lento. No sé si lo entendí justo al revés, cosa que no tendría nada de raro, pero lo que sí puedo decir es que, al menos en mi caso, el tiempo se me escurre entre los dedos como su fuera arena. Las mierdas de playas con arena que parece de usar en la construcción me las dejan fuera, por favor.

Gabriel nació el 19 de septiembre del año pasado. Increíblemente, ha pasado casi un año, y se nos ha pasado proverbialmente volando. No sé si se debe a que uno tiene más tablas al ser el segundo hijo o al hecho de que se ha puesto enfermo muchas menos veces (y de forma mucho menos grave) que Claudia. Lo que es incuestionable es que los meses se han sucedido uno detrás de otro como en una secuencia de dibujos escrita en el borde de las hojas de una libreta.

Cuando Gabriel llegó nos sentíamos… raros. Habíamos pasado de darle todo nuestro cariño a Claudia a tener que compartir entre los dos, y ajustar los procesos mentales para hacer eso sin sentirte partido por la mitad nos llevó nuestro tiempo.

Sin embargo, Gabi ha ido desarrollando su peculiar carácter a toda velocidad, copiando algunas cosas de su hermana mayor, y poniendo otras muchas de su propia cosecha. Cosas que nos hacen reír y que también nos hacen enfadar, porque créanme, un niño de 11 meses espabilado como él solo puede hacer muchas gamberradas xD

No voy a comparar a Gabriel con Claudia. Es algo que intento evitar escrupulosamente (aunque a veces sea algo inevitable, al menos a nivel interno). Cada uno tiene sus peculiaridades, y en eso radica lo maravilloso de tener dos hijos. Pero el que conozca a Claudia se hará una idea 🙂

Gabriel es muy curioso. Gabriel es muy gamberro. Gabriel es muy cariñoso. Gabriel tiene una mala leche del carajo. Gabriel es un tragón. Gabriel está muy espabilado. Gabriel quiere con locura a su hermana (créanme). Gabriel ha salido padrero, igual que la hermana ¬¬ Gabriel ya tiene tres palabras en su vocabulario: «papá», «mamá» y «aya», y ya podrán imaginarse a quién corresponde esa última palabra 🙂 Gabriel me vigila para hacer de las suyas. Gabriel hace de las suyas escondiéndose para que no lo vea. Gabriel se ha puesto de pie por primera vez hace cuatro días. Gabriel serpentea, más que gatea. Gabriel ya ha pisado la sección de urgencias del Materno tras alcanzar 40º de fiebre por una bronquitis.

Pero por muchas cosas que les diga, no hay palabras que puedan describir el proceso por el que una personita va perfilando su carácter día tras días, sorprendiéndonos, aún, con cosas que sabemos que tienen que llegar. Pero sorprendiéndonos igual.

Sepan que 1+1≠2. Cuando uno tiene un hijo piensa que sabe de qué va el asunto. Cuando tienes el segundo te das cuenta de que en realidad, se abre un nuevo mundo de posibilidades en el que las relaciones entre ambos son la auténtica salsa del asunto, así que toca aprender de nuevo. Supongo que habrá un número n a partir del cual la acumulación de hijos no suponga ninguna diferencia significativa, pero yo no tengo intención de alcanzar esa masa crítica.

Y me callo ya, porque esto va, en definitiva, de Gabriel.

Gabriel

Gabriel