Fantabulosos truquivaches que hay que ver lechicagando

por adastra

Con los libros pasa igual que con las películas o series de TV: lo mejor es disfrutarlos en versión original. Quien más, quien menos, sabe que a mí el doblaje me produce urticaria… Pero con los libros lo suelo pasar más por alto. Supongo que se debe a que en los libros no interviene la voz, así que es más fácil hacer una buena traducción que sea fiel al original.

De todas formas, prueben a leer un libro de China Miéville en inglés. CAGARSE. Ya les hablo otro día de eso, que tengo la historia en borrador.

En estos días me he estado leyendo El atlas de las nubes, de Dave Mitchell. Es una novela… curiosa. Todavía no he terminado de leerla, y no sé a dónde llegará.

En uno de los pasajes (la cúspide del curioso viaje; el que la haya leído me entenderá), los personajes hablan una versión del castellano un tanto retorcida. Supongan que el lenguaje degenera hasta convertirse en una mezcla de baturro profundo con palabras refinadas, de forma que muchas de esas palabras son, en realidad, combinaciones de otras, o incluso de expresiones más largas.

Recuerdo palabras como «lechicagando» para «salir cagando leches», «truquivache» para «cachivache que se utiliza en un trueque» o «fantabuloso» para «fantástico y fabuloso».

Lo que me hizo reflexionar es en el trabajo de traducción de Víctor V. Úbeda (creo). No sé cuáles eran los términos que utilizaba Mitchell en la versión original, pero la traducción al español me parece muy buena, y lo digo porque a los 10 minutos de leer ese fragmento del libro te descubres pensando en los mismos términos que Zachry, el protagonista. Y si términos tan rebuscados entran de forma tan natural («como agua sucia», según mi fraseología), algo querrá decir, digo yo.

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