Hasta la caquita tiene escalas

por adastra

En la Comunidad del Membrillo™ tenemos una serie de chistes recurrentes, y además tenemos metachistes recurrentes sobre los chistes recurrentes, lo cual hace que seamos un conjunto de bastardos de lo más raro. Pero ya lo cuento otro día si eso.

Uno de nuestros chistes recurrentes sirve para nombrar cualquier comida que sea decididamente inapropiada. Y no digo repugnante, digo inapropiada. Comer, no sé, culo de jugador de fútbol semicongelado à la Supervivientes no es repugnante, pero es inaceptable (no me vengan con un debate sobre no tener nada que comer, por favor, que estoy intentando desarrollar una idea y esto requiere tomar atajos mentales).

A tales manjares los llamamos Soylent Green.

El nombre en cuestión viene de una película homónima, protagonizada por el antiguo presidente de la Asociación Nacional del Rifle, más vieja que la raña, que enlazo, basada en la novela Make room! Make room! de Harry Harrison (¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! en español). Y si no han visto la película, tampoco les voy a destripar lo que es el Soylent Green.

Cuál no sería mi sorpresa cuando me he encontrado, vagabundeando por la red, con que tal producto existe.

El otro día llegué a una curiosa historia en Ars Technica, en la que contaban que Lee Hutchinson, uno de los redactores, iba a vivir durante 5 días comiendo solamente esa porquería tal producto.

Por lo que he leído, el Soylent es una especie de… No sé cómo llamarlo… ¿Comida en polvo? ¿Todo lo que puedes necesitar para tus necesidades alimenticias dentro de una bolsa? Se supone que cada bolsa de Soylent es suficiente para aportar 2400 kilocalorías diarias (en todos lados pone calorías, pero me da que se refieren a kilocalorías). Una comida perfecta, que no necesita ser cocinada, reduce el impacto ambiental, etc. Y el nombre tiene cachondeo, si ven la película de marras.

Llámenme retrógrado, pero donde esté un buen filete…

Pues bien, el pobre Lee lleva dos días (uno y dos) consumiendo Soylent Green (bueno, sí, Green, porque a Lee también le gusta el cachondeo, como verán en el día 2).

Lo de «pobre Lee» no era gratuito. El hombre tiene dos serios problemas:

  1. Se le están quitando las ganas de comer absolutamente nada más en lo que le resta de vida.
  2. Está empezando a parecerse a mi hermano, en lo que a producción de metano se refiere.

Y sólo lleva dos días. Estoy enganchado a esta historia como si de un serial venezolano de mala muerte se tratase. Creo que en algún lugar se están haciendo apuestas acerca de si Lee reventará o se transfigurará en un ser superior. Yo apuesto porque pasará lo primero y después lo segundo.

Ah, y lo más enriquecedor de la historia es la escala de heces de Bristol. ¡Ya puedo clasificar mi caquita y la de los niños! Nunca más podré hacer aguas mayores sin que mi cerebro se dispare automáticamente clasificando la deposición según esta escala.

GRACIAS.

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