Killing monsters

por adastra

Yo afilé los dientes con dragones. Dragones rojos, verdes, azules, blancos y negros. Dragones dorados, plateados y broncíneos.

Si perteneces a cierto subconjunto de entidades con base de carbono, estos colores habrán hecho que salte un «¡CLIC!» en tu mente. Porque me estoy refiriendo, cómo no, a la saga Dragonlance, y más concretamente a sus dos sagas centrales: Crónicas y Leyendas.

Aunque en realidad no es que me vaya a poner a hablarles de estos libros. Hoy no. Los menciono en realidad a efectos comparativos. Verán, uno ha leído mucha fantasía épica, y algunos libros varias veces… O nueve, como buen tolkiendili que soy. Guardo en mi memoria con cariño los libros de la Dragonlance, porque aunque sean literatura, um, juvenil, incluso con el paso del tiempo (o precisamente por eso), me parecen literatura más madura que muchos libros del género escritos en la actualidad.

Y eso que son dragonadas. Y dragonadas he leído muchas. Y no voy a hablar tampoco de los infectos libros que he leído de Dennis L. McKiernan, no sea que empiece a echar espuma por la boca. Eso también lo dejo para otro día.

Con el paso del tiempo he ido gravitando a mi segundo gran amor literario (o debería decir el primero, en justicia y por orden de aparición), que es la ciencia ficción. La ciencia ficción ofrece un campo mucho más amplio para la especulación, para la sorpresa, para la reflexión. La fantasía épica no da tanto juego.

Y sin embargo, hay joyas dentro del género, joyas que son diferentes por derecho propio, precisamente porque se centran en algo que ofrece muchas posibilidades: el comportamiento humano. La mayoría de las dragonadas que he leído se limitan al cliché héroe solitario/grupo de héroes contra entidad mala, malísima de la hostia. En la definición de «maniqueísmo» deberían aparecer muchos de estos libros.

Pero eso dejó de ser así cuando gente como George R. R. Martin empezó a cargarse alegremente a protagonistas principales, y a diluir las fronteras entre el personaje legal bueno y el caótico malvado. Porque no me dirán que Tyrion Lannister no es un hijo de puta de primera. Pero es un hijo de puta entrañable.

Hay otra característica que suelen compartir los libros de fantasía épica, y son sus raíces celtas. Casi todos estos libros se nutren del folclore celta en forma de hadas, dragones, trasgos, elfos y demás criaturas. Se me ocurren dos deliciosas excepciones, como son Tigana, de Guy Gavriel Kay (si no lo han leído, están tardando), y la saga de La roca del adiós de Tad Williams (y de paso se hacen un favor y leen La canción de cazarrabo, del mismo autor).

Vamos, que a poco que te esfuerces, encuentras libros de fantasía épica que se apartan del canon «tolkeniano», y que te saben a gloria.

Venga, que muchos de ustedes tienen el culo prieto esperando a que nombre al brujer ×DDD ¿Verdad?

Pues sí, y ahí quería yo llegar, y precisamente por eso nombré las raíces celtas de la mayor parte del corpus de fantasía épica que se haya escrito alguna vez. Yo no conozco otros ejemplos (mentira, ahora que lo pienso: lean la saga El lobo de piedra, de Wolfgang Hohlbein, BUENÍSIMA), pero el de la saga de Geralt de Rivia, escritos por Andrzej Sapkowski (parafraseando a un colega mío, siento un intenso deseo carnal hacia mí mismo por ser capaz de escribir el nombre de ese autor sin mirar en la Wikipedia), es paradigmático.

Tomen un conjunto de leyendas centroeuropeas, donde Baba Yaga era alguien de quien acojonarse (y mucho), más te valía poner 200 kilómetros entre tú y una lamia, y el conjunto de horrores pergeñado por el vulgo eslavo no parecía tener fin. Porque otra cosa no, pero la cantidad de bichos con mala hostia que pululan por el universo de Geralt de Rivia deja en mantillas a cualquier orco, trasgo o hobgoblin.

Yo me he leído todos los libros de Geralt en un rage que no paró hasta que no me los compré todos y los devoré, uno detrás de otro. Si no le cogen cariño al brujer, es que no tienen sangre en las venas.

Y como no quiero dejarles con un torrente interminable de palabras (y si han llegado aquí, ya tiene mérito la cosa), dentro vídeo. Es el trailer del tercer juego basado en el personaje de Geralt de Rivia, The Witcher 3: Wild Hunt. A mí se me ha puesto como el Ti22 viendo el vídeo.

PS Si se sienten especialmente masoquistas (como yo anoche, que estuve tragándome el hilo de comentarios hasta las 0:30), echen un vistazo a esta historia de los imprescindibles GamesAjare, donde vi el vídeo.

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