por adastra

Escribí mis dos últimas historias en febrero de este año. Y antes de eso, en noviembre del año pasado.

No se puede decir que me haya prodigado.

Créanme, ahora mismo, en este preciso momento, de lo último que tengo ganas es de escribir. Pero lo hago porque, al igual que me pasó allá por el 2005, cuando inauguré la primera iteración de este blog, creo firmemente que aventar mis telarañas mentales es un buen remedio para mejorar mi maltrecho estado de ánimo.

Sometimes, everything is wrong.

Hay muchos motivos por los que no he escrito de forma regular desde hace mucho tiempo. El primero y más importante es que he tenido la cabeza constantemente centrada en asuntos personales, y eso no ha dejado ciclos de mi CPU para nada más. El segundo motivo, más sutil, tiene que ver con la dignidad.

Digamos que no me he considerado digno de soltar por aquí unas líneas. Cada vez que lo intentaba pensaba «¿pero qué coño vas a contar?», y sentía que no tenía derecho a escribir sobre mis cuitas para que la gente me diera palmaditas en la espalda.

Pero recapitulemos, que tampoco es cuestión de escribir el guión del próximo drama de la BBC.

Los que me conocen saben que mi vida ha cambiado radicalmente en el último año y medio, give or take. El estado en que me encuentro actualmente es, en buena medida, fruto de mis propias decisiones, así que, como suele decirse, las quejas al maestro armero. Para los que sientan curiosidad, me he separado, y estoy viviendo solo, con los niños cuando me toca tenerlos.

Por otro lado, tanto Noli como yo somos padres responsables, o al menos lo intentamos, y hemos intentado en la medida de lo posible que nuestros hijos sufran lo menos posible el impacto de lo que ha sucedido. Además, veo a los peques con mucha frecuencia, aproximadamente 12 días al mes, lo cual es para mí el mejor bálsamo posible.

Hay muchas cosas a las que tengo que acostumbrarme. Y estoy muy, pero muy lejos de ser el Pablo que algún día fui. Pero no lo digo porque tenga una necesidad acuciante de ponerme como una plañidera. Los hechos son los que son. Deal with it.

Es curioso, desde que empecé a escribir esta historia, me siento mucho mejor. Memoria muscular, sospecho 😛

No prometo regularidad de publicación, más que nada porque a) ustedes saben que esto no funciona así, y b) ¿cuándo puñetas he sido yo regular escribiendo en el blog? Bueno, quizás por allá por el 2006, pero desde ese entonces me han salido unas cuántas canas (que no se ven).

Es hora de retomar algunas viejas costumbres. Here we go!

PS Con la debacle de Google Reader, a saber si alguien sigue teniéndome agregado en su lector de RSS ×D

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