A veces los comienzos no se basan en intenciones puras aunque el resultado final sea sumamente deseable

por adastra

El otro día estaba hablando con mi 50% sobre el primer libro que leí, y cómo me dio por iniciarme en el hábito de la lectura. Digamos que es un dato que siempre he tenido en la cabeza, pero del que rara vez me acuerdo. Probablemente porque no me conviene xD

Y es aquí cuando debería poner aquello de «yo confieso». El primer libro que me leí creo que fue una colección de relatos en el cole, relatos sobre inventores o exploradores. Recuerdo que había una historia sobre Howard Carter y otra sobre Charles Goodyear… De hecho, tengo esa en la cabeza porque recuerdo la primera frase del relato:

Good year, Goodyear!

Creo que fue la primera vez que me encontré con un juego de palabras en inglés.

Bueno, me leí ese libro como parte de un trabajo navideño, y aunque el libro me gustó mucho, no le cogí el truco a aquello de leer. No sé, a lo mejor la idea de comprar libros era algo que no me pasaba por la cabeza.

Mi verdadera afición por la lectura llegó mucho más tarde, más o menos en 2º de BUP, y el culpable es mi amigo Moi, un tipo que se dedicaba en sus ratos libres a tocar farolas diciendo «¡TE VOY A DEMOSTRAR QUE NO SOY GAFE TOCANDO ESTA FAROLA PARA QUE VEAS CÓMO NO SE FUNDE!».

Y en efecto, la farola no se fundió. Simplemente hubo un apagón en toda Playa del Inglés y San Fernando de Maspalomas durante varias horas. Aprovecho para recordarle este hecho siempre que viene a cuento, y sobre todo, cuando no viene a cuento.

Les decía que el ínclito fue el auténtico responsable de mi afición por la lectura porque un buen día apareció con un libro en mi casa, Preludio a la fundación, de Isaac Asimov, y me dijo que se lo había leído en cero coma culo (o algo semejante; éramos jóvenes y estábamos en estado de celo permanente).

Todo aquel que me conozca sabrá que soy un picado de tres pares de cojones. Si él se leyó un libro en cero coma culo, yo tenía que leerme el mismo libro en cero coma pene. Y allá que me fui a Fototec, tienda de revistas de Maspalomas, a comprar el mismo libro.

Y la jodí.

Lo que comenzó siendo un simple pique acabó convirtiéndose en una afición casi obsesiva. Cada vez que tenía algo de dinero en el bolsillo (todavía recuerdo estar ahorrando durante un mes para poder ir a Las Palmas a comprar libros en Moebius y en la difunta Cuto), aprovechaba para comprarme un libro, primero de la serie Fundación de Asimov, y después casi de lo que pillara de ciencia ficción o fantasía épica (léase dragonadas).

Hoy, 23 años más tarde, he acabado con una colección de más de 600 libros que no sé dónde meter y que probablemente venda (ya me los he bajado en digital). He tenido épocas de lectura convulsa (como ahora) y épocas de sequía lectora. Como tantos otros, supongo.

Uno no puede (ni debe) creer a pies juntillas lo que lea en una novela, porque para eso es un ejercicio de ficción salido de la mente del autor, pero a poco que escarbes, siempre encuentras datos útiles. Leer es para mí una forma de evasión, de olvidarme de mis problemas, de relajarme y de ver las cosas con perspectiva. Nunca me arrepentiré de aquel pique entre dos amigos, ni de lo que me acabó aportando, que es mucho.

Espero seguir así durante mucho, mucho tiempo.

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