Google Drive es una castaña

por adastra

Para ponerles en situación, yo utilizo Calibre para gestionar mi biblioteca de libros electrónicos de, ejem, dudosa procedencia. Como tantos otros en este universo, vamos. Tengo una buena cantidad de libros y cómics guardaditos para ir leyendo en las frías tardes de invierno, porque WINTER IS COMING, JODER. Por si no se habían dado cuenta y tal.

Hace un tiempo me dio por tener mi biblioteca disponible en todos mis equipos, que son unos cuantos: mi workstation para jugar (Windows 7), mi servidor casero (Linux Mint 9), mi ordenador del curro (Linux Mint 13) y mi portátil (Mac OS X Mountain Lion). Y para ello, nada mejor que utilizar Dropbox. Para los que no lo sepan (y algo me dice que la mayoría de mis lectores sabe de qué se trata), es un servicio de almacenamiento de archivos «en la nube». Tú pones un archivo en tu carpeta de Dropbox en el equipo de casa, y éste aparecerá automágicamente en tu carpeta de Dropbox en el equipo del trabajo.

Así pues, llevo un tiempo manteniendo mi biblioteca de Calibre en una carpeta dentro de Dropbox, con lo cual, si metía un nuevo libro en casa, éste estaría automáticamente disponible en el portátil, con lo cual no tendría que preocuparme de si se me olvidó copiarlo con lo que no podría leerlo.

So far, so fucking good, for fuck’s sake.

Pero mi idilio con Dropbox llegó a su fin. Y no porque de repente me levantara una mañana después de una indigestión de panettoni y decidiera que ya estaba bien de tanto sincronizar, coño ya, no. El problema es que Dropbox «sólo» me ofrece 3 GB de almacenamiento, y debido a ciertas, um, adquisiciones recientes, mi biblioteca de Calibre ha crecido hasta los 2.88 GB.

Digamos que la casa se me ha hecho pequeña. En esta tesitura, empecé a pensar en servicios alternativos para mantener mis archivos sincronizados, y el primero que me vino a la cabeza fue Google Drive. Con una cuenta de Gmail ya tienes acceso directamente, y te ofrece 5 GB, así que, ¿por qué no?

Hace un par de días copié la biblioteca de Calibre desde su ubicación en Dropbox a su ubicación en Google Drive, y lo hice en el equipo de sobremesa. Tuve que dejar el ordenador toda la noche y buena parte del día siguiente subiendo los archivos a la nube (porque, como todos ustedes saben, las velocidades de subida que disfrutamos normalmente en este país de mierda son de risa). Mientras tanto, con el portátil encendido a ratos, se iban bajando los archivos desde la nube a la carpeta de Google Drive. Digamos que el equipo con Windows 7 actuaba de «emisor», mientras que el equipo con Mac OS X actuaba de «receptor».

Cuando terminó el laaaaaaaaaaaaaargo proceso de sincronización a dos bandas, simplemente tuve que abrir el Calibre y decirle dónde estaba la nueva biblioteca, tanto en el equipo de sobremesa como en el portátil. Y aquí empezó mi mosqueo.

En el equipo de sobremesa todo fue bien. La biblioteca estaba perfectamente en su nueva ubicación, así que podía ver los libros exactamente igual que como estaban en Dropbox.

Peeeeeeeero, resulta que al hacer lo mismo en el portátil, a pesar de que los libros aparecían en la lista, no podía verlos. Calibre me decía que había algún problema de integridad entre la base de datos y la ubicación real de los libros. Así que me dio por comprobar si los libros estaban donde se supone que debían estar.

Horror y condenación.

Les pondré un ejemplo práctico. En Windows 7 tenía mi biblioteca en %USERPROFILE%Google DriveCalibre, y dentro de la misma tenía una carpeta con la novela Cuna, de Arthur C. Clarke y Gentry Lee. La ruta donde se encontraba dicha novela era %USERPROFILE%CalibreArthur C. ClarkeCuna (371).

El número entre paréntesis es una de esas cosas raras que tiene Calibre, y es el orden del libro en orden en que fue añadido a la biblioteca. Shit happens.

Pues cuando fui a mirar la carpeta en la que estaba ubicado el susodicho libro en el portátil, me encontré con esto: $HOME/Google Drive/Calibre/Arthur C. Clarke/Cuna/

Un momento… ¿Dónde coño estaba el paréntesis? Para cerciorarme miré la carpeta a través de la web, en la propia nube… Y el nombre era correcto. Es decir, la carpeta se subió con el nombre correcto desde Windows 7 a la nube, pero se bajó sin paréntesis desde la nube al Mac OS X.

Para hacer una prueba, creé una carpeta en $HOME/Google Drive/Calibre/foo (123)/, para comprobar con horror que la carpeta subía a la nube con el nombre foo. Nada de paréntesis. Y no soy el primero al que le pasa (uno, dos, tres y cuatro). Es un problema que la gente viene detectando desde abril de este año, y a estas alturas, Google todavía no lo ha arreglado.

Vamos a ver… Si un servicio de sincronización de archivos en la nube no es capaz de respetar el nombre de los ficheros, NO SIRVE.

La solución ha sido simple: mandar a la mierda Google Drive e instalar en mis equipos Microsoft SkyDrive. Lo primero que hice fue comprobar que no tenía problemas con los paréntesis en los nombres de los ficheros, y en efecto, no lo tiene. Encima, ofrece 7 GB de almacenamiento y tiene aplicación para Mac y Windows. Anoche puse los archivos a subir, y en ello anda (le quedan unos 0.7 GB por subir, y al portátil cerca de 1 GB por bajar). Con suerte, no tendré que volver a cambiar de servicio de almacenamiento.

Así que si tienen que elegir un servicio de almacenamiento en la nube que no ande tocando los cojones con los nombres de los ficheros, elijan Dropbox o Microsoft SkyDrive, pero no Google Drive. You have been warned.

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