Mi truco para no marearme en barco

por adastra

Yo no sé ustedes, pero yo me mareo mucho cuando voy en barco.

Qué coño, me mareo mirando a un barco. Me mareo pensando que estoy mirando a un barco. Sufro mucho, ¿saben?

Hace años descubrí, un poco de chiripa, que si estaba en cubierta, apoyado en la barandilla, no me mareaba nada. Eso me hizo elucubrar que el truco estaba en dejarte llevar por el movimiento del barco sin oponer resistencia. Supongo que esas pequeñas bolitas hijas de puta que se encargan de nuestro sentido del equilibro bailan como locas cuando intentamos contrarrestar el movimiento del barco, pero siguen su movimiento alegremente si estamos acodados en la borda.

Por eso, los barcos con hidroala son los enemigos del pobre mareante (dícese de la persona que se marea con facilidad; me lo he inventado, coño ya). Como el Fred Olsen que va de Gran Canaria a Tenerife. En estos barcos ya no se puede estar en cubierta, supongo que debido a la velocidad que pilla el bicho (si te caes por la borda no creo que den la vuelta para recogerte), así que te tienes que quedar en la cubierta interior.

Y ahí es donde entra en juego mi truco, y no, mi truco no se llama Biodramina. Basándome en la teoría de que si tu oído interno acompaña al movimiento del barco, no te mareas, lo que yo hago cuando tengo que viajar en barco es sentarme y apoyar la cabeza en la palma de la mano… dejando la cabeza inerte (no hagan chistes sobre mi ausencia intermitente de actividad cerebral, por favor). Cuando me canso de tener la cabeza hacia un lado, la cambio al lado contrario, pero nunca dejo mi cabeza erguida, de forma que mi oído interno se dedique a contrarrestar el movimiento del barco, jodiendo mi sentido del equilibrio.

No sé si mi teoría es una mierda, aunque yo sé que me funciona. Y sí, sé que el hecho de que me funcione a mí (y a un par de amigos más) no es lo que se dice un argumento válido, pero… Si alguien tiene buena explicación a respecto, go ahead 😛

Anuncios