Que alguien pare el viento

por adastra

Aquella noche soplaba viento del desierto. Era uno de esos vientos de Santa Ana, tórridos y secos, que bajan por los puertos de la montaña, te revuelven el pelo, te ponen los nervios de punta y la carne de gallina. En noches así las juergas colectivas acaban siempre en peleas. Y las esposas dóciles palpan el filo del cuchillo y observan detenidamente el cuello del marido.

He encontrado esa cita un poco de chiripa en una historia de Federico Campbell sobre el viento. La cita es de Raymond Chandler y aparece en su relato Red Wind, de 1938.

Pero es que la cita viene que ni pintada.

Verán en la zona sureste de Gran Canaria, donde vivo, el viento es una constante más firme que la constante de Planck. Sopla de verano a invierno, pero sobre todo en verano. Dice la sabiduría popular que si no fuera por el viento, las temperaturas imperantes en la zona nos freirían. No seré yo el que esté en desacuerdo, pero qué quieren que les diga, el maldito viento me tiene hasta los cojones.

Tampoco sé si hay una relación directa entre el viento y la locura, pero en días como hoy tiendo a creer que dicha relación existe. Porque salir a la calle y estar a punto de caerte al suelo por una ráfaga de viento desestabiliza a cualquiera (pun intended). Por no mencionar las veces en que el viento ha estado a punto de arrancar de cuajo la puerta del coche. Y no, no estoy usando una figura poética. Hablo en sentido literal.

También podría pensarse que tener que limpiar el polvo cada dos días puede volver majareta a cualquiera. Además, el polvillo rojo que hay por la zona me da que tiene características abrasivas. Mi cerebro llora desconsoladamente ante la idea de tener que limpiar unas bolsas con cables que tengo en la azotea y que están llenas de tierra porque la puerta del cuarto de la lavadora tiene un hueco enorme por debajo (imagino que está por si se rompe la lavadora y se rebosa el agua, para que no se quede inundado el cuarto).

Y nah, que sólo quería quejarme un poco y eso xD

Anuncios