Mi "to-do list" de cervezas

por adastra

En cierta ocasión estaba hablando con mi amigo Óliver sobre bebidas espirituosas y acabamos hablando de cerveza. En ese punto yo le dije que siempre había odiado la cerveza por su gusto amargo, pero en algún punto de mi accidentado recorrido vital le cogí el gustillo, y ahora es una de mis bebidas favoritas. Él me comentó que el gusto por la cerveza era un gusto adquirido, y razón llevaba.

Es decir, para pasar de odiar la cerveza, que es amarga como su puta madre, a idolatrarla y cogerle el puntillo en plan connoisseur, alguna experiencia traumática tiene que tener uno. Claro que también hay un montón de gente fumando como carreteros y el tabaco es asqueroso (lo sé de buena tinta; mi padre me aplicó terapia de choque).

Yo no soy un experto en cervezas. He empapado mi hígado con Tropical, Dorada, Budweiser, Leffe, Guinness, Carlsberg, Cruzcampo y Mahou, y dentro del grupo de las raritas están a Cannabia, la Desperados y la Mort Subite. Mi favorita es la Budweiser, por cierto, aunque poco a poco le voy cogiendo el gusto a la cerveza negra.

Y la cerveza, en botella, por favor. ODIO el regusto metálico de la cerveza en lata. Es asqueroso.

Dicho lo cual, el otro día recordé que tengo guardado en mis favoritos una historia de alto contenido etílico que vi hace año y medio en el blog de Sulaco, sobre el día de su cumpleaños.

Digamos que esa noche él y dos de sus amigos se metieron entre pecho y espalda una cantidad de cerveza tal que haría feliz a mi amigo Richi, el tío más esponja que he conocido en lo que a cervezas se refiere. Digamos también que de la lista de cervezas que el maestro cervecero suministró a Sulaco no hay ni una que me suene. NI UNA.

Pero qué coño, lo pinta tan bien que me he propuesto beberme todas y cada una de ellas antes de morir (o morir tomándolas, que también vale).

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