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Bifurcado recursivamente desde 1974

Rabia

Podría citarles unos cuantos motivos por los que leo GamesAjare, un blog especializado en videojuegos. Y si se les ha pasado por la cabeza la idea de una redacción, en plan corporativo, saquen su cerebro, lo limpian con un poco de lejía, y se lo vuelven a poner.

Los señores de colores son… otra cosa.

Verán, blogs que se dediquen a hablar de videojuegos hay muchos. Qué digo muchos, zillones de ellos. Y casi todos hablan de lo mismo: novedades. Cada vez que sale un vídeo sobre un videojuego por publicarse, zas, ahí van zillones de blogs a hablar de el susodicho, cada uno con su estilo, cada uno con su peculiar gracia. Pero no dejan de hablar de lo mismo, una y otra vez.

Pero los señores de colores, no. Estos tipos se pasan por el forro de los cojones las novedades, y tan pronto te pueden estar hablando de algo de rabiosa actualidad, como pueden estar hablándote de un juego que salió hace como cosa de 15 años, ¡haciendo un análisis como si hubiera salido ayer!

Así que, en lugar de citarles las razones por las que los leo, les emplazo a que lean este análisis (perdón, analis dis) de Rage, un juego de idSoftware que ha salido hace poquito. Les aseguro que no he leído ningún análisis, ninguno, que se le acerque ni por el forro. Estos tíos aman los videojuegos, y por eso nos los amamos a ellos.

Porque, ¿quién cojones describiría un videojuego de esta forma?

RAGE es como si Adriá te prepara unos macarrones y al final de postre se mete debajo de la mesa y te hace una mamada. Coño, la felación sobraba, pero hay que reconocer que los macarrones estaban bastante buenos pese a que quizá no estaban adecuadamente deconstruidos.

Esa mirada

Esa mirada

Mi mirada puede decir muchas cosas.

Pero nunca es calculadora.

Nunca te desea ningún mal.

Para ti, es transparente.

Y solo contiene una cosa.

Amor.

¿Y por qué coño no?

Tuve un colega en la universidad, Ossian, que tenía una máxima: cuando alguien le preguntaba por qué iba a hacer tal o cuál cosa, él respondía «¿y por qué coño no?».

No me nieguen que, como filosofía vital, tiene su aquello.

Hace un montón de meses y un blog, tomé la decisión de escindir mi muestrario fotográfico, poniendo las fotos en el fotoblog, desacoplado.com, mientras que las rayadas que me hacen candidato a frenopático irían aquí.

Contemplándolo en retrospectiva, creo que cometí un error. De hecho, ante la pregunta «¿debería seguir publicando fotos en el propio blog?», la respuesta obvia debería ser «¿y por qué coño no?».

El tema es el siguiente… Para mí resulta obvio que el fotoblog no tiene tanto predicamento, ni de lejos, como este blog. No tengo ni idea del número de visitas (no miro las estadísticas, ni en uno ni en otro), pero teniendo en cuenta que ni cristo menciona mi fotoblog, tengo fundadas sospechas de que lo visitan cuatro gatos.

Hombre, qué quieren que les diga, ya me gustaría a mí que fuera la envidia del mundo mundial, pero sé que no le hago promoción suficiente. Lo cual no quiere decir que vaya a renunciar a él, ni mucho menos. Y aquí viene el requiebro.

Después de mucho pensarlo, creo que he enfocado mal el asunto, separando ambos mundos, el fotográfico y el verborreico, como si fueran látex y lubricante con base al aceite, con un culo de por medio. Porque nada me impide tener el fotoblog como carta de presentación de mi trabajo fotográfico, publicando aquí también las fotos para todo aquel al que no le dé la gana suscribirse al fotoblog.

Así pues, a partir de ahora publicaré también algunas fotos aquí, quizás acompañándolas de alguna historia, como hacía antaño. Y creo que voy a empezar ahora mismo 🙂

PS El fotoblog no se ve con Google Chrome, y creo que ahora tampoco se ve con Mozilla Firefox 7, (al menos desde Windows; en el Mac se ve bien). No tengo ni puta idea del motivo, así que me temo que tendré que reinstalar todos los plugins.

La de cosas que estoy tramando...