Cientos de paisajes por minuto

por adastra

Cuando empecé a sacar fotos, allá por el 2006, sin darme cuenta me escoré hacia un nicho particular de fotografía: los paisajes. La mayor parte de las fotos de mi repertorio son, aún hoy, elementos paisajísticos. Entre ellos, tengo cierta preferencia por lo que se conoce como urban decay. O, más específicamente, ruinas urbanas. Por desgracia, no hay mucho de eso en Gran Canaria.

Años más tarde conocí a Alio, un profesional como la copa de un pino. Nos conocimos a través de Flickr de forma casual: él formaba parte de mis contactos y un buen día vi que tenía fotos de Las Canteras, con lo que supuse que era canario. Anduve preguntándole sobre su vida, y de ahí a quedar para compartir experiencias no hubo más que un paso. Además, los dos tenemos la mente sucia, y eso siempre ayuda.

Alio siempre fue más de retratos que de paisajes, y hablando un día de nuestras preferencias a la hora de tomar fotos le dije precisamente que a mí me iban los paisajes, a lo que él me contestó algo así (hablo de memoria y esto fue hace unos cuantos años):

Pues yo prefiero fotografiar gente porque cada cara que te pone una persona es un paisaje en sí mismo.

En un mundo ideal y maravilloso les diría que tuve una epifanía y que cambié mi forma de afrontar la fotografía, pero conociéndome, lo más seguro es que lo mandara al carajo xD En realidad no empecé a cambiar de opinión hasta que empecé a fotografiar gente yo mismo.

¿Y saben qué? El muy cabrón tenía toda la razón del mundo.

No digo que trabajar con paisajes esté mal, ni mucho menos. Echen un vistazo a la galería de fotos de cualquier mes de la National Geographic y griten conmigo de odio, envidia e impotencia reconcentrados.

Sin embargo, cuando fotografías a una persona, de un momento a otro puede mostrarte toda una gama de emociones que va desde la alegría más loca a la tristeza más demoledora. Caras y fondos se combinan en cada caso para darte millones de paisajes que reflejan la naturaleza humana.

Encima tengo la inmensa suerte de que mi hija Claudia, que se está convirtiendo en toda una señorita a cada día que pasa, tiene una expresividad alucinante. No necesito irme muy lejos para poner a prueba la teoría.

Y, como hubiera dicho en otro tiempo, aquí tienen una pequeña muestra de lo que hablo, sin pie de foto ni hostias.

Claudia #1

Claudia #2

Claudia #3

Claudia #4

Claudia #5

Claudia #6

Claudia #7

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