Casi un año ya

por adastra

Agosto quedó atrás. Casi todo el mundo habla de lo raro que ha sido este verano, con temperaturas impropias de la época del año. Yo, por lo bajini, temo las calimas bestiales que nos azotarán durante este mes y el que viene. Y espero equivocarme.

Pero no es del tiempo, esa banalidad que sirve como tema de conversación neutral (no se me ocurre que nadie se ofenda porque opines que va a llover), de lo que he venido a hablar aquí. De mi libro tampoco, que todavía no está terminado.

He venido a hablar de Gabriel 🙂 Y de Claudia, claro, porque el uno no se entiende sin el otro. ¿Recuerdan?

Creo que fue pjorge el que dijo en su blog una vez que tras el nacimiento de su hija parecía que alguien hubiera tascado el freno, porque de repente todo iba mucho más lento. No sé si lo entendí justo al revés, cosa que no tendría nada de raro, pero lo que sí puedo decir es que, al menos en mi caso, el tiempo se me escurre entre los dedos como su fuera arena. Las mierdas de playas con arena que parece de usar en la construcción me las dejan fuera, por favor.

Gabriel nació el 19 de septiembre del año pasado. Increíblemente, ha pasado casi un año, y se nos ha pasado proverbialmente volando. No sé si se debe a que uno tiene más tablas al ser el segundo hijo o al hecho de que se ha puesto enfermo muchas menos veces (y de forma mucho menos grave) que Claudia. Lo que es incuestionable es que los meses se han sucedido uno detrás de otro como en una secuencia de dibujos escrita en el borde de las hojas de una libreta.

Cuando Gabriel llegó nos sentíamos… raros. Habíamos pasado de darle todo nuestro cariño a Claudia a tener que compartir entre los dos, y ajustar los procesos mentales para hacer eso sin sentirte partido por la mitad nos llevó nuestro tiempo.

Sin embargo, Gabi ha ido desarrollando su peculiar carácter a toda velocidad, copiando algunas cosas de su hermana mayor, y poniendo otras muchas de su propia cosecha. Cosas que nos hacen reír y que también nos hacen enfadar, porque créanme, un niño de 11 meses espabilado como él solo puede hacer muchas gamberradas xD

No voy a comparar a Gabriel con Claudia. Es algo que intento evitar escrupulosamente (aunque a veces sea algo inevitable, al menos a nivel interno). Cada uno tiene sus peculiaridades, y en eso radica lo maravilloso de tener dos hijos. Pero el que conozca a Claudia se hará una idea 🙂

Gabriel es muy curioso. Gabriel es muy gamberro. Gabriel es muy cariñoso. Gabriel tiene una mala leche del carajo. Gabriel es un tragón. Gabriel está muy espabilado. Gabriel quiere con locura a su hermana (créanme). Gabriel ha salido padrero, igual que la hermana ¬¬ Gabriel ya tiene tres palabras en su vocabulario: «papá», «mamá» y «aya», y ya podrán imaginarse a quién corresponde esa última palabra 🙂 Gabriel me vigila para hacer de las suyas. Gabriel hace de las suyas escondiéndose para que no lo vea. Gabriel se ha puesto de pie por primera vez hace cuatro días. Gabriel serpentea, más que gatea. Gabriel ya ha pisado la sección de urgencias del Materno tras alcanzar 40º de fiebre por una bronquitis.

Pero por muchas cosas que les diga, no hay palabras que puedan describir el proceso por el que una personita va perfilando su carácter día tras días, sorprendiéndonos, aún, con cosas que sabemos que tienen que llegar. Pero sorprendiéndonos igual.

Sepan que 1+1≠2. Cuando uno tiene un hijo piensa que sabe de qué va el asunto. Cuando tienes el segundo te das cuenta de que en realidad, se abre un nuevo mundo de posibilidades en el que las relaciones entre ambos son la auténtica salsa del asunto, así que toca aprender de nuevo. Supongo que habrá un número n a partir del cual la acumulación de hijos no suponga ninguna diferencia significativa, pero yo no tengo intención de alcanzar esa masa crítica.

Y me callo ya, porque esto va, en definitiva, de Gabriel.

Gabriel

Gabriel

Anuncios