Agorafobia virtual

por adastra

Hace unos cuantos días estaba hablando con mi amigo Davide por teléfono (normalmente me llama para contarme unas fricadas de campeonato, como el hecho de que el reconocedor de voz de Google fue capaz de determinar que él estaba diciendo la palabra «grog», pero no fue capaz de distinguir la misma palabra en su media naranja, actuando como detector de friquicidad), y me contó una cosa curiosa en la que no había caído. Y eso que me he enfrentado a ello en muchas ocasiones.

El término técnico podría ser «agorafobia virtual», pero en realidad el que lo ha sufrido lo conocerá por el más castizo «y ahora qué cojones hago».

El ludópata medio sabrá que hay dos tipos de juegos de rol: aquellos que te llevan de la manita de un sitio a otro y aquellos que te sueltan en medio de un mapa gigantesco para que te las arregles como tu deidad favorita quiera.

Los juegos de este último tipo comparten además una característica común: empiezas en una zona acotada, para que vayas probando, y cuando acabas, zas, estás en medio de Yermo Capital sin saber a dónde coño tienes que ir o qué coño tienes que hacer.

No me había dado nunca por pensarlo desde esa perspectiva, más que nada porque, en lo tocante a juegos de rol, soy un hard core que disfruta perdiéndose en medio de mapas absurdamente grandes solo por el placer de recolectar latas oxidadas para sacar unas chapas de beneficio. Pero lo cierto es que hay gente que aborrece este tipo de juegos precisamente porque los entornos abiertos pueden llegar a resultar abrumadores.

Es decir, para explorar esos entornos necesitas realizar ciertos ajustes mentales. Tienes que ser capaz de comprender que, eh, esto va para largo (la media de tiempo para acabar el Fallout 3 Game of the Year Edition, por ejemplo, es de 130 horas en modo «voy a completarlo todo»). Tienes que tener paciencia y ser metódico, aunque siempre puedes ir a por la línea argumental principal del juego pasando de todo lo demás. Pero si tienes rasgos obsesivo-compulsivos, estás jodido, porque ese juego absorberá tu BIDA.

Así que, si juegan a videojuegos de rol de entorno abierto de forma regular, ya saben qué nombre poner a la desazón que notan a la altura de sus calzoncillos cada vez que salen de la zona de inicio y tienen que enfrentarse a un mundo hostil y enorme armados tan solo con una pata de cabra (creo que me he confundido de juego).

Las pedradas se las pueden tirar a Davide.

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