Voiding the gap

por adastra

Vamos a hacer un pequeño experimento, también conocido como paja mental (¿por qué tenías que mencionar esa expresión, cathan? xD).

Entre mis lectores hay yentes de todas las edades, así que la diferencia de edad entre los mismos y sus padres puede ir desde unos pocos años (padres precoces) a un cojón y subiendo (padres fallecidos). Pero, por aquello de simplificar, quedémonos con el lector-tipo «bestezuela no tan joven que se lleva una buena pila de años con su padre». Como yo, vamos, que nos llevamos… Nos llevamos… Joder, no me acuerdo. Luego lo llamo y le pregunto.

Cuando hablo con mi padre tengo que hacer un check mental importante, y ajustar el cortafuegos para que no se me escape ninguna de mis tecnogiliflautadas, más que nada porque eso puede desembocar en una mirada fija fruto de un stack overflow.

Eso es lo que llaman por ahí «salto generacional», o lo que es lo mismo, «cuando tu padre y tú hablan dos jodidos idiomas diferentes».

Eso me ha pasado siempre en materia de videojuegos. Mi padre, un esforzado currante que se hizo hombre en la época tardofranquista, nunca entendió la afición de su hijo por los videojuegos. De hecho, cuando me gasté parte de mi primer sueldo de verano en el Sentinel Worlds 1: Future Magic, casi le da un ataque.

Sin embargo, creo que el problema no radica tanto en la diferencia de edad, sino en la compresión. Es decir, el periodo de tiempo que pasó entre la juventud de mi padre y la mía fue tremendamente convulso, pero estirado. Los cambios fueron grandes, pero lentos, por lo que la experiencia básica de mi padre no tiene mucho que ver con la mía. De hecho, soy uno de los primeros tecnomantes en una familia dedicada casi por entero a los oficios arcanos. Un paradigma de sustitución, como diría Ian Malcom.

Ahora bien, yo soy padre, fíjate tú qué cosas. Por partida doble, además, así que, por aquello de la transitividad, resulta que ahora estoy al otro lado del espejo, como la proverbial Alicia. Y aunque la diferencia de edad entre mi hija y yo, por poner un ejemplo, viene siendo de 33 años, más o menos, los tiempos que nos ha tocado vivir son mucho más comprimidos. Suceden muchísimas cosas a un ritmo endiablado. Tantas, que no tienes tiempo de aprehenderlas todas.

Pero claro, mis hijos van a beber de las fuentes de la tecnomancia desde pequeños (hay que ver cómo se maneja Claudia con el iPad), y yo sigo siendo un adicto a la tecnología, por lo que intento estar como mínimo enterado de las últimas novedades.

Es posible que me está cagando por fuera para pisar posteriormente el ñordo, resbalarme, caerme encima y echarme las manos llenas de caca a la cara, pero tengo la impresión de que el salto generacional queda mucho más aplanado, en algunos aspectos, en los tiempos que corren. Supongo que eso no querrá decir que entienda a mis hijos cuando lleguen a la adolescencia… Tengo la ligera sospecha de que lo voy a pasar muy putas por ese entonces.

Yo no iba a escribir este pedazo de ladrillo, lo juro por Pthah. De hecho, iba a contarles algo sobre las 10 cosas sobre videojuegos que le enseñaré a a mis hijos. Además, de verdad. Porque yo juego a videojuegos con mis hijos. ¿Y ustedes? 😛

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