Ser padre y geek es una actividad bastante arrastrada

por adastra

En el saber popular está eso de que a un hombre se llega por el estómago. Esa afirmación siempre me ha parecido francamente discutible. Que les ofrezcan un solomillo cuando están en pelotas y a punto de caramelo y me cuentan, puta panda de depravados.

En realidad, salvando esas situaciones en las que tus instintos atávicos te llevan por camino de la perpetuación de la especie, a un hombre se llega por los cacharros. Y sepan ustedes que yo llamo a esas cosas en que están pensando de muchas formas, pero cacharros, no.

Dicho lo cual, les contaré una pequeña batalla. Y digo yo, ¿qué le voy a contar a mis nietos el día de mañana? ¿Les paso el URL del blog y a mamarla? Pues seguramente. El caso es que, a medida que uno se hace viejo mayor talludito COÑO YA un hombre maduro y terriblemente atractivo, se da cuenta de que hay cosas que puedes cambiar, cosas que no cambias porque te la suda a estas alturas de la película, y cosas que no podrías cambiar ni aunque te fuera la vida en ello. Lo que aquí acontece pertenece a la categoría de «joder, macho, no hay Cristo al microondas que te reconozca».

El sábado por la mañana me levanté con el culo hecho pisicola porque iba a recoger mi nuevo móvil. He consumado mi ruina moral comprándome un Samsumg Galaxy S2 y firmando con sangre, semen y orina uno de esos contratos que te atan a una compañía telefónica con más firmeza que un matrimonio.

Decir que he adquirido un nuevo teléfono es algo inexacto. De hecho, y esta frase no es una exageración, el jodido aparato este es más potente que mi portátil, que ya manda huevos al toril.

Recogimos los móviles al mediodía… Sí, digo «recogimos», que Noli también ha vendido su alma a Nyarlathotep, Azathoth lo tenga en su rejo. Ahora ustedes dirán «¿y qué, lo desempaquetaste sobre la marcha?».

Pues mire, no. Sobre la marcha, no. A menos que estiren la definición de «sobre la marcha» para que abarque las siguientes 10 horas o así.

Después de recoger los móviles hicimos la compra en Carrefú volvimos a casa colocamos la compra pusimos a la nena a ver dibujos le dimos de comer al nene acostamos al nene preparamos nuestra comida y la de la nena comimos los tres juntos Noli se puso a jugar con la niña yo recogí la cocina y preparé el lavavajillas me eché una siestecita de media hora levanté al niño le di de merendar al niño mientras Noli le daba de merendar a la niña recogimos un poco la casa mientras los niños jugaban juntos o más bien Gabriel le tiraba de los pelos a Claudia bañé al niño bañé a la niña mientras Noli se preparaba para salir un rato con las amigas saqué a los niños de paseo la niña se dedicó a perseguir a un lagarto del tamaño de su brazo proseguí con mis esfuerzos para que el niño diga «papá» antes de pasar al más contundente «¡POR LA HORDA!» dimos un salto al McAuto para comprar un Happy Meal para Claudia volvimos a casa bañé al niño mientras Claudia cenaba le di de comer al niño mientras Claudia se aseaba acosté al niño bañé a la niña le conté un cuento acosté a la niña y me duché.

Y entonces, a eso de las once de la noche, desempaqueté el móvil. Qué bonito y tal. Lo configuré para acceso Wi-Fi, navegué a mi blog y me fui a acostar, con mi Pip-Boy 3000 pitando como loco porque mi centro de gravedad se estaba yendo a la mierda por momentos, lo cual no es más que una forma como otra cualquiera de decir que se me cerraban los ojos.

No hace falta que les cuente lo que hubiera pasado si hubiera hecho esta compra hace seis años, pongamos por caso. Me río yo de los cambios hormonales de la juventud. Tengan hijos.

PS No suelo utilizar la palabra geek a menudo. Prefiero usar «flipado de mierda de los cacharros». Pero no tenía ganas de estar escribiendo todo el rato «flipado de mierda de los cacharros».

PPS He empezado la historia escribiendo los postscripta. Es que si no, se me olvidaban.

PPPS El ataque de escritura a lo Saramago no es gratuito. En realidad no hay pausa entre actividad y actividad, así que de esta forma la cosa queda mejor descrita.

PPPPS Desde que acabé la universidad me he echado menos de 10 siestas en mi vida, lo juro. El que me echara una este sábado es señal de lo jodidamente hecho mierda que estoy.

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