Tú también puedes ser merecedor de un Ig Nobel

por adastra

Hay algunos momentos en mi vida en los que se me va mucho la pinza. Bueno, algunos no. Muchos. Un jodido montón de ellos.

La cuestión es que Noli ha aprendido a reconocer esos momentos porque paso de estar manteniendo una conversación normal con ella (entiéndase por normal decirle cosas como «cariño, la lista de la compra está desnormalizada» o «el lavavajillas aún no ha alcanzado la masa crítica») a tener una mirada vacua que haría las delicias de cualquier ojeador de asesinos en serie, profesión con futuro donde las haya.

En esos momentos me dedico a explorar mis ricos mundos interiores, pero no crean que elucubro sobre una cura de exterminio para los trolls que pueblan hinternecs, no. Normalmente me dedico a pensar gilipolleces, como las que luego suelto por aquí.

Como buenos padres que intentamos ser, mantenemos una rutina constante para los niños, lo cual nos lleva a la hora del baño. Primero bañamos a la nena, le damos de comer y la acostamos, y después bañamos al enano. Y dentro de ese punto, Noli se encarga de desvestirle y yo de preparar el agua y darle el baño.

El otro día acabé de preparar la bañera antes de que Noli desvistiera a Gabi, así que me puse a mirar fijamente el agua, y de repente ya podía quemarse la casa hasta los putos cimientos que ahí estaba yo, feliz en mi catatonia.

En esto que me pongo a jugar con un vasito de plástico que usa el niño para jugar en el agua. Yo cogía el vasito, lo ponía a cierta altura, de forma invertida, y lo soltaba. El vasito entonces daba la vuelta con un «¡PLOP!», se llenaba con una cierta cantidad de agua y se quedaba flotando.

La jodimos.

En ese momento me puse a lanzar el vaso desde distintas alturas, intentando determinar una regla que, en ausencia de impulso inicial, me permitiera determinar cuál sería el volumen de agua que entraría en el vaso según la altura. Con decirles que Noli entró en el baño con el niño en brazos y le dije que se esperara…

Al cabo de siete u ocho lanzamientos me di cuenta de que, incluso con aproximaciones burdas sobre la altura de lanzamiento, los resultados obtenidos eran muy dispares, así que me dio por pensar que las fluctuaciones del agua sobre las paredes de la bañera tenían que influir por cojones. Tendría que ampliar mi modelo incorporando mecánica de fluidos, para lo cual me haría falta una curva que describiera con exactitud la concavidad de la bañera.

¿Le dije que la jodimos?

Menos mal que uno tiene una pareja con un acendrado sentido de la responsabilidad, capaz de pegarle dos gritos a uno cuando le ve cara de cretino. Pero por culpa suya me quedé sin desarrollar la teoría para poder optar a un Ig Nobel.

Luego se me fue el baifo. Perra vida esta.

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