¿Hacemos un garabato?

por adastra

Yo soy un negado para el dibujo. Nunca he sido capaz de plasmar con el lápiz nada que saliera de mi cabeza y que no fueran palabras. Lo cual no quiere decir que no lo haya intentado, claro 😛

Cuando entré en el instituto, mi viejo amigo Víctor (joder, hace 23 años de eso), con el que trabé amistad enseguida, me enseñó a dibujar miembros cercenados.

No, no esos miembros. Me refiero a brazos, piernas y esas cosas que contribuyen a nuestra simetría bilateral. Digamos que él tenía cierto gusto por dibujar bárbaros en diversos estadios de desmembramiento. De hecho, me harté de dibujar espadas bastardas[1] como esta en manos sin cuerpo, cuando no directamente hincadas en cuerpos sin manos. Otro amigo, Ignacio Cabarcos Fernández, con cierto gusto por la mitología celta, se unió a la fiesta para hartarse de pintar batallas que ríanse ustedes de las que montaba Peter Jackson en Nueva Zelanda.

Un auténtico festival del gore, vamos.

Este preámbulo totalmente prescindible sirve para presentarles (joder, he usado tres palabras que empiezan por «pre» en la misma frase) un proyecto curioso que me hizo llegar mi amigo el buen doctor π. El proyecto se llama Do it yourself, doodler (algo así como «hazlo tú mismo, garabateador[2]»), y su autor, David Jablow, lo puso en marcha de una forma inesperada.

Como cuenta esta historia en 20 minutos, un amigo de David Jablow encontró en un trastero familiar una libreta de los años 60 con 39 páginas en las que se mostraba la silueta de una mujer en pose sugerente, a medio terminar, con la frase que da título al proyecto.

Dado que la inmensa mayoría de mis lectores tienen la mente como una cloaca de New Crobuzon, habrán imaginado varias formas de terminar el dibujo, la mayoría de las cuales implicarán el añadido de cantidades ingente de carne desnuda, posiblemente de ambos sexos.

Pero, gracias a Azathoth (su informe rejo nos penetre a todos por donde a Luis Aragonés no le entraba un pelo de gamba, amén), no todo el mundo tiene la mente así de guarra. David Jablow no, por lo menos. Él usó las 39 páginas del cuaderno (las originales) para realizar otras tantas ilustraciones (no en vano, es ilustrador profesional), donde cada una de las cuales cuenta una historia diferente.

El estilo peculiar de Jablow, unido al hecho de que cada ilustración sea una pequeña joya, ha hecho que pase un buen rato entretenido, mordiéndome los huevos los dedos de envidia cochina (porque, sepan ustedes, no hay otra envidia que la cochina, digan lo que digan las mentes bienpensantes), deseando ser capaz de dibujar de esa manera.

Quién sabe. Quizás algún día, cuando los niños vayan a la universidad o algo, me meta en clases de dibujo xD

[1] En aquella época no tenía ni puta idea de lo que era una espada bastarda, pero consumir cantidades ingentes de fantasía épica de corte medieval obra milagros.

[2] Si hay una cosa que me gusta del idioma inglés es la facilidad que tienen para adjetivar cualquier palabra poniéndole «-er» u «-or» detrás. «Garabateador» suena como el culo en castellano.

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