Poda del mango

por adastra

Lo mío con las traducciones es una historia de ida y vuelta. Como informático que soy, estoy acostumbrado a leer documentación técnica en inglés desde hace un montón de años. De hecho, los dos pilares de mi educación en inglés a temprana edad fueron los libros de BASIC que me dejaban mis amigos y los videojuegos a los que podía echarle la zarpa encima. Tuve toda una revelación el día en que un amigo intentó ejecutar la orden sharpen dick en una aventura conversacional.

Sin embargo, a pesar de estar acostumbrado a aquello, siempre intentaba conseguir los libros o videojuegos en español, correctamente traducidos.

Ahora apunten lo de «correctamente», por favor, que enseguida volvemos a ello.

En el caso de los videojuegos recuerdo haber leído con entusiasmo la columna de Ferhergón, uno de los redactores de la Micromanía en su segunda época (sí, la de tamaño periódico; tengo montones), proponiendo el uso del término JdR (por «Juego de Rol») en lugar de RPG (por «Role-Play Game»), abogando por la traducción íntegra de todos los videojuegos que nos llegaran. En aquella época no hablábamos de doblaje, que eso de que los videojuegos hablaran era todavía cosa de ciencia-ficción xD

Ya se habrán dado cuenta de que, en general, la mayoría de los videojuegos llegan localizados (y esta palabra me dará para otro artículo, como bien sabe Squallido xDD) al español, aunque a veces llegan con un nivel de tipo Verónica Forqué en El resplandor.

Por ponerles un ejemplo, hace tiempo que tengo la edición de coleccionista del Fallout 3, en español. La he instalado, he empezado a jugar… Y joder, qué horror. No es que las voces sean malas… De hecho, el juego empieza bien con la voz en off de Pepe Mediavilla, actor que dobla habitualmente a Morgan Freeman o James Earl Jones. Pero luego te das cuenta de que los actores de doblaje no se sentían muy cómodos en su papel, porque tienden a la sobreactuación. El colmo fue cuando le pegué un tiro a un supermutante y dijo algo así como «¡oh, no!» con voz de ejecutivo.

En ese momento decidí bajarme la versión en inglés. Que ojo, no sé cómo estará, pero sé que el trabajo en las voces se puede hacer de puta madre, como me ha demostrado el Splinter Cell: Conviction, uno de los mejores juegos a los que he jugado.

Por resumir, en general prefiero los videojuegos en su idioma original (y sí, si es en ruso, pues en ruso), porque me da la impresión de que los actores de doblaje todavía no pillan bien esto de los videojuegos.

Con los libros todavía no he llegado a ese punto. Hasta ahora solo me he leído una novela en su idioma original, y fue The City and the City, de China Miéville. Al principio me costó horrores pillar los conceptos (y con China Miéville más te vale tenerlos claros), aunque al final ya leía de forma fluida. Sin embargo, no dejo de pensar que se me escaparon bastantes cosas.

Y es que no es lo mismo una novela que un manual técnico. Y ahí, amigos y vecinos, siempre, siempre, SIEMPRE prefiero los textos en inglés. Afortunadamente, los textos de informática actuales suelen estar traducidos por gente que sabe del tema (si no, ya me dirán), pero recuerdo un caso que me produjo horror, como si me comiera un cacho de papaya algo pasado (y, como todos ustedes saben, la papaya sabe a vómito de cabra caliente recién regurgitado, con tropezones y todo).

Hay un libro especialmente nefasto en informática conocido como «el libro del dragón», o, en su título original, Compilers: Principles, Techniques and Tools (Compiladores: Principios, técnicas y herramientas). La asignatura de traductores e intérpretes no estaba mal, pero el libro era un horror que no había dios que se tragase.

Claro que, puede que se debiera a cosas como «proceder a la poda del mango». Cuando leí esa frase en el libro me dije mentalmente «WTF» (mentira, era la era preinternet, así que esos acrónimos ni existían). Dado que solo tenía a mano mi diccionario Collins, tardé un buen rato en descifrar que, lo que quería decir esa frase era cutting the handle, refiriéndose a una rama de un árbol de análisis de una gramática (el término correcto hubiera sido «eliminar la rama» o algo así).

Desde ese entonces paso de leer documentación técnica traducida al español, si puedo evitarlo. Solo me queda la espinita clavada de las novelas, pero todo se andará.

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