Uso, maluso y abuso de las etiquetas

por adastra

Aunque el título lleve a equívoco, no me refiero a las etiquetas que pongo a las historias (tags, para entendernos), sino a etiquetas físicas. Sí, hombre, de las de verdad. De las adhesivas.

Les voy a contar dos cosas que no tienen mucha relación entre sí, pero ya saben cómo funciona el cajón lleno de mierda que tengo por cerebro. Cualquier estímulo hace que se me activen neuronas no directamente relacionadas por efecto cascada.

Esta mañana, mientras disfrutaba de mi agradable estado de catatonia autoinducida al volante, vi pasar a un coche con una pegatina de Apple. Verán, yo tengo pegatinas de esas (vinieron con el iPad), pero en la puta vida se me ocurriría ponerlas en el coche.

O sí. Pero al revés. De hecho, teniendo en cuenta que para más de uno todo lo que rodea a Apple tiene características escatológicas (y me refiero a la primera acepción del término, no me sean cafres), poner la pegatina de la manzana boca abajo hará que le entren ganas de enfundarse en el traje HEV, trincar una pata de cabra y abrirme en canal por blasfemo. Luego se iría de vacaciones a Xen con el G-Man.

Pero todo eso me la pela. Tengo apuntada una historia en borrador que habla justamente de eso xD

Inciso: ¿hay algo en los términos de uso de Apple que impida «pervertir» su logo poniéndolo al revés? Es que me lo creería y todo.

Bueno, al pensar en el tema de la pegatina vino a mi cabeza una de mis fobias más arraigadas. Gracias a esa fobia siempre viajo a Tenerife con un rascador de vidrio.

Expliquemos eso. En realidad no llevo el rascador siempre que voy a Tenerife. Lo llevo únicamente cuando voy al Loro Parque. Es costumbre por estos pagos peregrinar a ese parque al menos una vez en tu vida. Y oye, salvo un par de trabajadores imbéciles y bordes con los que me ha tocado lidiar, ninguna queja. No soy muy amigo de los parques temáticos, pero como padre, reconozco que tienen su puntito. No obstante, sigo prefiriendo la naturaleza real a la enlatada, pero eso es cuestión de preferencias, así que no saquen las antorchas.

Uno suele dejar el coche en los aparcamientos del Loro Parque porque espera que estos se comporten como una fuente de memoria nula, en la que la ocurrencia de cualquier suceso es estadísticamente independiente de la ocurrencia de cualquier suceso acaecido anteriormente. Sin embargo, esto no es así porque, pase lo que pase, tu coche saldrá del aparcamiento con una pegatina que grita a Bóreas, Austro, Euro y Céfiro que has estado en el Loro Parque.

Normalmente no me importa hacer publicidad de algo si soy muy, pero que muy fan de ese algo, y eso suele pasarme únicamente con los videojuegos (me voy a comprar una pegatina de Fallout 3 para ponerla en el bolso, que está todo rajado, por ejemplo). Pero me jode, y mucho, que una empresa decida por mí que tengo que hacerle publicidad gratuita por cojones. Ahí es donde entra nuestro amigo el rascavidrios.

Seguramente haya mucha gente que quite la pegatina al volver a su casa, pero como yo soy muy cabezón, quito la pegatina sobre la marcha. Nunca salgo del aparcamiento con la pegatina en cuestión.

Esto que cuento para el Loro Parque es válido para otros muchos sitios. Es decir, spam puro y duro. Y ya saben que, si por mí fuera, haría ampliaciones en el infierno para meter a los spammers. Eso incluye a los que me llaman a horas intempestivas para ofrecerme Canal+ o cambio de operador de telefonía.

¿Y ustedes? ¿Cuál es su relación de amor/odio con las pegatinas?

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