Aún hay esperanza para la Humanidad

por adastra

El sábado por la mañana estuve en Las Palmas con Claudia mientras hacía unas gestiones. Como fui tempranito y acabé pronto, recalé en el parque de san Telmo, donde intenté explicarle a Claudia por qué estaba toda aquella gente en tiendas de campaña en plena calle. Me parece que los conceptos de democracia, transparencia y esas cosas se le escapan un poco. Después de todo, no tiene más que cuatro años. Pero que no se diga que no la pongo en la senda correcta xD

Tras dar un garbeo nos sentamos en la terraza que hay en el parque a tomar algo. Como siempre que me siento en un sitio a comer o beber un café, pongo la antena de forma automática, captando conversaciones a mi alrededor. No lo hago por ser chismoso. Es más bien una forma de intentar entender la gente que tengo a mi alrededor.

En la mesa de al lado había un chaval de unos 16 años con acento argentino y una señora mayor, quizás su madre. Como fisonomista soy lo peor, así que con la misma no compartían un solo gen, más allá del 90 y pico por cierto que compartimos todos los seres humanos. Pero bueno, ya me entienden. O no. Es igual.

La conversación me atrajo de inmediato porque el chaval estaba hablando de juegos de rol. Me resultó curioso que un chico de 16 años estuviera hablando de esas cosas a una señora que tenía más de 50. Pero lo que me resultó más sorprendente aún fue que la señora le respondía.

Joder, yo nunca he tenido tanto éxito con mis mayores. Normalmente, cuando me pongo a hablar de mis aficiones, mi familia pone cara como si de repente se hubieran acordado de que les habían hecho la lobotomía por la mañana y tendrían que comportarse en consecuencia. Hasta algún hilillo de baba he visto, que se creen que no me fijo. Desalmados.

La cosa hubiera quedado ahí si no fuera porque de repente, sin solución de continuidad, el chaval se puso a hablar de antropología. Eso hizo que me pusiera recto en la silla y pegara la oreja cual vulgar maruja, circunstancia que Claudia aprovechó para hacerse una mierda la ropa con el dónut de azúcar que se estaba comiendo. De todas formas, suele hacer eso con gran eficiencia, esté mirando o no, así que je me chie en la différence.

El chico estaba explicándole a la señora por qué los orientales tenían los ojos rasgados, y comentaba que se debía a los fuertes reflejos de las dunas y las tormentas de arena típicas de las zonas donde se desarrollaron muchas civilizaciones orientales. La señora le respondía con una parrafada, pero en un tono bajito, así que no pude captar lo que decía.

Saqué como un tiro mi Moleskine y mi pluma (sí, lo sé, soy un puto esnob) y apunté lo que el chico había dicho como borrador de la historia. Luego me he puesto a comprobar lo que decía, y joder, aparentemente es cierto. Yo no tenía ni idea 😛

Sé que un grano no hace granero, pero en una sociedad en la que todo el mundo se empeña en que los jóvenes son unos vagos de mierda sin perspectivas de futuro, da gusto encontrarse chavales con gustos diversos que no tienen el menor reparo en ponerse a hablar de ello con sus mayores.

Si hay una cosa que a mí me gustaría es poder inculcar a mis hijos la conciencia de que ninguna pregunta es estúpida, y de que el conocimiento que adquieran será lo más valioso que tendrán en sus vidas, animándoles a explorar lo que sea que se les pase por la cabeza. Eso no quiere decir que Claudia no me saque de quicio a veces desmotando todo lo que le cae en la zarpa (para mí que va para ingeniera, o como mínimo para sujeto de pruebas de calidad). <ende>Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.</ende>

A propósito de esto, me viene que ni pintado un twitt del tito Rinze que leí ese mismo día, en el que hacía referencia a una historia sobre cerebros no lavados que les pondrá los pelos de punta.

No sé a ustedes, pero a mí me a penita saber que muchos de los niños de la historia dejarán de hacer preguntas como las que hicieron porque siempre habrá alguien que los ridiculice por ello.

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