El iPad no es para mí

por adastra

Hace unas semanas le regalé a Noli un iPad 2. Cuando Apple lanzó al mercado la primera encarnación del cacharrito ese, no quise comprarlo porque no se adaptaba a mis necesidades (reproducir vídeo en alta definición, básicamente). Pero eso es algo que han mejorado en el iPad 2, así que ya no tenía excusas.

Un momento.

Estoy hablando de mis necesidades. Pero se lo regalé a Noli. Bueno, no empiecen a descojonarse, que este no es uno de esos regalos interesados.

Que no, coño, que es verdad. Que es de ella. Que yo casi no lo uso.

QUE DEJEN DE REÍRSE, JODER.

Bueno, no voy a lograr que dejen de descojonarse, así que les explicaré el porqué del título de la historia. Cuando le regalé el cacharrete a Noli, lo primero que hice fue buscarle las cosquillas. En casa tenemos dos sistemas operativos instalados (aparte del que Claudia y Gabriel tienen en sus cerebros, llamado caOS). En el servidor y en nuestros portátiles tenemos Linux Mint, mientras que en el ordenador de sobremesa tenemos Windows 7.

Yo sabía que no tendría problema para sincronizar el iPad desde Windows, a través de iTunes (dios, cómo odio ese programa), pero quería ver qué podía sacarle al iPad desde Linux. Me basé en una guía bastante completa que describía cómo sincronizar el iPad desde Linux.

Peeeeeeeeeero no hubo manera. Esa guía está pensada para sincronizar contenidos musicales, pero no para acceder al iPad como si fuera un dispositivo de almacenamiento normal y corriente. Como todavía no le han hecho jailbreak al iPad 2, pues nada, toca joderse.

Lo significativo del asunto es que me pegué toda la mañana con el iPad conectado al portátil haciendo perrerías. De vez en cuando cogía el iPad para hacer alguna cosa que necesitaba (por ejemplo, cargar un contenido por la Wi-Fi, a ver si lograba verlo desde Linux). Sin embargo, la mayor parte del trabajo era en el portátil. Cuando me di de cuenta, me puse a reflexionar.

Desde que salió el primer tablet con Android en respuesta al iPad, quise uno. Yo me conozco, y si no puedo trastear con un equipo hasta las tripas, no me siento contento. No digo que el iPad sea mal producto, ni mucho menos. Lo que digo es que, siendo como soy, me resulta mucho más atractivo un producto Android.

Sin embargo, hoy por hoy, no hay ningún tablet con Android que le huela el bufo (como diríamos en mi familia) al iPad. Aparte de tener precios absurdos (calculen lo que les sale un Motorola Xoom «financiado» por Vodafone), a Honeycomb 3.0 le falta un hervor. Y pagar más de 1.000 euros por un producto que es considerado de forma casi unánime por los analistas como «sí-pero-no», pues mirusté, no.

Tengo claro que quiero un tablet. En mi opinión, resulta increíblemente útil tener uno. Pero también quiero meterle mano amorosamente bajo la falda, y eso es algo que no puedo hacer con facilidad en un iPad (sin jailbreak de por medio). Así que, por ahora, esperaré 😛

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